El síndrome de la boca ardiente

Existen algunos síndromes que por su naturaleza o por su desconocimiento pueden acabar con la paciencia del clínico e incluso del paciente. Uno de éstos es el síndrome de la boca ardiente, también conocido como estomatodinia, y que se caracteriza por sensación de ardor o escozor en la boca y la lengua sin que puedan objetivarse lesiones físicas.

Fisiopatológicamente parece ser una forma de dolor neuropático producido por la afectación de las vías que transmiten el sentido del gusto, con atrofia de las pequeñas fibras amielínicas de las papilas gustativas en los dos tercios anteriores de la zona lingual.

La prevalencia de este síndrome oscila entre un 0,7 y un 4,6 % de la población general y la incidencia se cifra entre 5 y 10 casos por 100.000 personas. No es por tanto muy frecuente pero tampoco inexistente. Predomina en mujeres entre los 38 y los 78 años y especialmente en las posmenopáusicas, asociándose, en ocasiones, un cuadro ansioso-depresivo más o menos larvado.

El escozor de la lengua y labios (especialmente del inferior) se suele asociar a sensaciones como la de «arenilla» sobre la mucosa y a xerostomía o disgeusia (alteración de los sabores con una sensación de gusto metálico). El comienzo suele relacionarse con algún acontecimiento concreto, como un tratamiento odontológico, la toma de un determinado fármaco o la ingestión de alimentos muy calientes. En principio, el diagnóstico es fundamentalmente clínico, valorando la existencia de la sensación de ardor de al menos 4-6 meses de evolución, que no impide el sueño y mejora al comer o masticar, sin coexistir signos clínicos relevantes en el momento del examen y sin hallazgos de laboratorio que pudieran indicar una causa orgánica. Inicialmente se debe descartar cualquier causa local (malposición dental, úlceras...), así como situaciones clínicas sistémicas como diabetes, deficiencias de ácido fólico y/o de vitamina B12. Debe descartarse también (por frecuente) la posibilidad de estar ante una estomatoglositis candidiásica originada tras un tratamiento antibiótico de amplio espectro.

El tratamiento del síndrome de la boca ardiente defraudaba hasta hace poco a médico y paciente, pero ahora es más satisfactorio al usarse terapias basadas en el conocimiento de los mecanismos fisiopatológicos y neuropáticos a los que se atribuye la entidad. Así pues, descartados los posibles hábitos parafuncionales y los factores irritativos locales, se deberán evitar también los materiales dentales que puedan actuar como alérgenos, así como tratar las infecciones y los procesos sistémicos que pudieran dar ardor de boca, como deficiencias vitamínicas, anemias, diabetes mellitus y síndrome de Sjögren (ante una posible hiposialia crónica secundaria se deben administrar estimulantes o supletorios de la secreción salival).

Si a pesar de estas medidas persiste la sintomatología se debe usar clonazepam en dosis bajas, para minimizar sus efectos secundarios. Se iniciará el tratamiento con medio comprimido de 0,5 mg, y se aumentará de forma progresiva hasta que la dosis sea eficaz. Si no se obtienen resultados terapéuticos aceptables, se puede asociar un segundo fármaco, como la gabapentina en dosis de 100-300 mg, 2 o 3 veces al día. En ocasiones, se puede añadir un tercer y un cuarto fármaco, como la lamotrigina o el levetiracetam en dosis de 100-200 mg/día. No parecen ser efectivos otro tipo de antiepilépticos, como la carbamacepina, pero sí se puede ensayar en pauta ascendente la pregabalina. De igual modo, la capsaicina en colutorio o gel y anestésicos en solución para enjuagues, como la lidocaína al 2%, podrían ayudar al control del cuadro. Se deberán tratar los procesos psicopatológicos que puedan aparecer, asociados especialmente a la depresión y explicar al paciente que nuestro objetivo es reducir las molestias consideradas como intolerables y continuas para lograr niveles aceptables de calidad de vida, más que anular o suprimir el síndrome.

María Pilar Pérez
Médico Grupo Insan. Zaragoza


Bibliografía
Grushka M, Epstein JB, Gorsky M. Burning mouth syndrome. Am Farm Physician. 2002; 65: 615-620.
Roldán S. Serrano J. Herrera D. Halitosis, conceptos y manejo clínico. SEPA 2013.

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