Las flebitis superficiales no son inocentes

En términos generales las flebitis superficiales (FS) se corresponden con una situación clínica en la que existe dolor, sensibilidad incrementada o eritema en una vena superficial a veces acompañada de un cordón palpable. Sin que exista predilección de género, su incidencia no ha sido bien establecida, pero se estima en 1 por mil habitantes1 y por tanto superior a la de las trombosis de las venas profundas (TVP).

Las FS han sido consideradas desde siempre como una entidad benigna; sin embargo, tras la práctica sistemática de ecografías se ha comprobado la asociación de TVP de un 6 a un 36% de los casos. Este rango tan amplio no es sino el reflejo de la carencia de estudios expresamente realizados para valorar este punto. La plausibilidad biológica de esta coexistencia puede ser explicada por dos mecanismos: la migración del trombo hacia el sistema profundo a través de las venas perforantes y/o a la existencia de un estado de trombofilia que puede ser debida a entidades clínicas asociadas2. La práctica regular de escáneres pulmonares revela una incidencia de hasta un 33% de posibles complicaciones tromboembólicas, aún cuando esta cifra, según casi todos los autores, debería contemplarse con cautela3.

Las venas varicosas, los traumas, el éxtasis y los estados de trombofilia son los mayores factores de riesgo para la aparición de las FS. En el caso de las varices el desarrollo de estas flebitis tiene un carácter estacional, ya que es en el verano cuando los pacientes abandonan el hábito del uso de las medias de compresión. La mayor asociación se presenta, sin embargo, con los estados hereditarios de hipercoagulabilidad que se asocian a la tendencia de otras localizaciones trombóticas. No obstante, en estos últimos años parece existir también una estrecha relación con las neoplasias silentes, de modo que toda FS o trombosis superficial de aparición espontánea debería considerarse como un signo paraneoplásico, o al menos de sospecha, aunque la fortaleza de esta asociación sea todavía desconocida. Con respecto a la terapia de las FS, hasta la fecha, los pacientes o no se trataban o lo hacían con medidas farmacológicas tópicas, como antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y/o heparinoides tópicos de cuestionada eficacia o bien con medios ortopédicos como las medias elásticas.

En vista de la asociación entre esta patología y la TVP se cuestiona si las medidas higienicoterapéuticas dirigidas más bien hacia la desaparición del dolor son suficientes. Por esta razón se han establecido otras pautas terapéuticas que van desde la ligadura quirúrgica de la safena hasta la anticoagulación reglada. Es cierto que en nuestro medio la experiencia acumulada no está a favor de las intervenciones quirúrgicas y que, aunque los tratamientos con AINE y anticoagulantes reducen la extensión o recurrencia del proceso, el beneficio a largo plazo suele ser nulo.

Los ensayos clínicos más robustos en cuanto al número de pacientes reclutados (STENOX) demuestran que la administración de heparina de bajo peso molecular (HBPM) en dosis profiláctica tiene mejores resultados que la heparina no fraccionada. La comparación entre HBPM y los AINE también está a favor de la primera. Sin embargo, el grupo de investigadores Vesalio comprueba que el tratamiento con HBPM durante un mes se acompaña de mayor protección frente al tromboembolismo que la administración profiláctica de la misma. Este grupo Vesalio describe un número no desdeñable de pacientes con trombosis superficial (3,1%, 5/164) que sufren enfermedad tromboembólica, sobre todo en el segundo y tercer mes (seguimiento de tres meses) independientemente de la clase de heparinas usadas4.

Todas estas observaciones deben hacernos recordar que la FS no es una enfermedad benigna, siendo los pacientes que la padecen objeto obligado de un cuidadoso estudio y de seguimiento a largo plazo. Finalmente, es obvio advertir que se necesitan ensayos clínicos más amplios que nos permitan conocer la estrategia óptima en lo que respecta al tipo de fármaco, posología y duración del tratamiento de este tipo de patología2.

 

Bibliografía

1. Wichers IM, Haighton M, Büller HR, Middeldorp S. A retrospective analysis of patients treated for superficial vein thrombosis. J Medicine. 2008; 66: 423-427.

2. Decousus H, Leizorovicz A. Superficial thromboflebitis of the legs: still a lot to learn. J Thromb Haemost. 2005; 3: 1.149-1.151.

3. Bounameaux H, Reber-Wasem MA. Superficial thromboflebitis and deep venous thrombosis. A controversial association. Arch Intern Med. 1997; 157: 1.822-1.824.

4. The Vesalio Investigators Group. High vs. low doses of low-molecular-weight heparin for the treatment of superficial vein thrombosis of the legs: a double blind, ramdomized trial. J Thromb Haemost. 2005; 3: 1.152-1.157.

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