Usar la vía subcutánea (I)

La vía de elección para la administración de fármacos es la oral, pero en determinadas circunstancias, especialmente en pacientes oncológicos en fase terminal, no es posible usarla por intolerancia gástrica, disfagia, vómitos persistentes, estados confusionales, situación agónica... Existen otras como la rectal, la sublingual, la intramuscular y la intravenosa, pero todas tienen inconvenientes. Por ejemplo, para las dos primeras la escasa existencia de fármacos comercializados y la variabilidad en la biodisponibilidad. Para la tercera, que es dolorosa y con una absorción irregular, y para la intravenosa, que no es útil en el control domiciliario crónico por precisarse personal adiestrado y por las frecuentes complicaciones que origina.

En estos casos la vía subcutánea (s.c.) es una alternativa cómoda y de fácil manejo, tanto en la colocación como en el mantenimiento por los familiares y cuidadores, indolora y eficiente al disminuir la frecuencia de hospitalización con un considerable ahorro de recursos. Por esta vía pueden administrarse la mayoría de los fármacos útiles frente a los síntomas en pacientes en situación terminal (cloruro mórfico, haloperidol, midazolam...).

La incidencia de complicaciones es escasa (2-3%), siendo casi siempre leves como la irritación local o la exteriorización de la palomilla. Sus contraindicaciones son la existencia de anasarca, shock (disminución de la circulación periférica), coagulopatías o infecciones de repetición en el punto de inserción. Las zonas preferidas de punción son la infraclavicular, la deltoidea, en el abdomen, muslo y escápula. Se debe elegir la zona con más tejido subcutáneo y de fácil accesibilidad para el cuidador y el paciente. El cambio de la aguja y de la zona de punción suele ser por promedio cada 5 días y para conseguir un buen mantenimiento es importante pasar, después de cada administración, 0,5 cc de suero fisiológico realizando un pequeño masaje local.

La vía s.c. para la administración de fármacos se puede utilizar de forma intermitente o continua. La infusión intermitente consiste en la colocación de una palomilla en tejido celular subcutáneo, administrando periódicamente los fármacos a través de la misma. El único material necesario es una palomilla de tamaño 23 G y una jeringa de 10 mL, administrando la medicación a través de la alargadera de la palomilla con la frecuencia que determine la biodisponibilidad del fármaco, de forma lenta, aplicando un pequeño masaje en la zona y evitando emplear volúmenes superiores a los 2 cc. El punto de inserción de la palomilla se recubrirá con un apósito transparente para valorar prontamente las reacciones locales. La otra forma, la infusión continua subcutánea, consiste en la utilización de un dispositivo (infusor) que va liberando la medicación de manera constante en un periodo de tiempo determinado. Aunque existen diversos tipos de infusores el más indicado en domicilio, por su sencillez técnica, es el de tipo Travenol®, con capacidad entre 50 y 100 mL, donde se carga la medicación prescrita, completándose el resto con suero fisiológico. La gran ventaja que aporta es la posibilidad de asociar diversos fármacos en el mismo infusor, por lo que podemos actuar simultáneamente sobre diferentes síntomas. En la segunda parte se comentará algunos aspectos sobre los fármacos más usados por esta vía como el cloruro mórfico, tramadol, haloperidol, levopromacina, metoclopramida, midazolam, bromuro de butilescopolamina, dexametasona y el suero fisiológico.

 

Bibliografía

Astudillo W, Mendinueta C, Astudillo E. Cuidados del enfermo en el final de la vida y atención a su familia. 5ª Edición: Abril 2008; 147-153; 302-305; 307-318.

Hernández Pérez B, López C. Vía subcutánea. Utilidad en el control de síntomas en el paciente terminal. Medifan. 2002; 12(2): 104-110.

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Médico de Familia. Adjunta Urgencias Hospitalarias. Hospital Ernest Lluch . Calatayud (Zaragoza)

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