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elabs

Esto le ha debido pasar a todos pero me pasó a mí. (Refiere el remitente)

Una madre gitana angustiada llevó a su hija de trece años a urgencias porque desde hacía tres semanas vomitaba todo lo que comía, sólidos o líquidos y había perdido 7 kg a pesar de lo delgada que ya estaba. La habían estudiado en su consultorio y le habían dicho que tenía una ulcera de estómago vista “por rayos”.

En principio se le comentó que siguiera este estudio pero la exploración física demostró que la niña estaba caquéctica. Presentaba palidez de la esclerótica, sequedad de piel y mucosas. La frecuencia cardiaca era de 104 latidos p.m. rítmicos; no había soplos ni roces. La auscultación pulmonar fue también normal. El abdomen era blando, con dolorimiento periumbilical; no había defensa abdominal o signo de rebote; los ruidos intestinales eran también normales. La paciente no presentaba ninguna alteración neurológica apreciable. Se realizó una analítica básica de sangre y cuando se le estaba haciendo la extracción una adjunta que pasaba por allí comentó… ¡Uy cómo huele a manzanas este cuarto! Los resultados de los análisis mostraron un nivel de glucosa de 435 mg, un CO2 de 7 mEq/l y abundantes cuerpos cetónicos. El diagnóstico fue, evidentemente, de diabetes mellitus con cetoacidosis. Se le comentó a la familia la necesidad de ingresar a la niña en la UCI pero se negaron todos, incluidos tíos, primos, sobrinos y parientes payos adjuntos, porque según ellos la UCI era la antesala de morir. Se pensó poner el caso a disposición judicial pero al final ingresó en el hospital de día y allí se le remontó tras una noche de intenso trabajo.


Comentarios del recopilador. Tal vez, si hubo un atisbo de error, consistió en realizar la historia clínica y la exploración física partiendo de la base de que el diagnóstico ya había sido realizado (úlcera de estómago) Se debe recordar continuamente que la cetoacidosis diabética puede manifestarse con molestias abdominales epigástricas, dolor tipo pericarditis y dolor pleurítico. La asociación de estos síndromes con la cetoacidosis diabética no tiene una clara explicación fisiopatológica pero se ve con frecuencia. En algunos casos de dolor epigástrico asociado con cetoacidosis descubre la existencia de una pancreatitis, pero son excepcionales. En este caso nadie de los que atendía a la niña supo apreciar el significado del “olor a manzanas” que detectó la adjunta que pasaba por ahí y que es característico de la cetoacidosis diabética.
 

Información adicional

  • Autor: Recopilador: Mariano Blasco Valle
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