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Valorar adecuadamente los calambres nocturnos

Se define a los calambres nocturnos como contracciones dolorosas e involuntarias de algunos grupos musculares (gemelos, cuádriceps y extensores de los dedos de los pies) que aparecen en reposo. En raras ocasiones se deben a causas orgánicas graves (enfermedades endocrinas, alteraciones hidroelectrolíticas, enfermedades musculares y vasculares) o a causas genéticas (síndrome de los calambres nocturnos familiares) o son secundarios a tóxicos (estricnina, plomo, alcohol) o a fármacos (diuréticos, fenotiacinas, fibratos, raloxifeno), siendo la mayoría clasificados como esenciales.

Su prevalencia varía con la edad y, de hecho, un 68% de los ancianos los sufren, siendo más frecuentes en mujeres. En general los pacientes que aquejan calambres padecen vasculopatías periféricas y/o neuropatías con mayor frecuencia que el resto de la población y suelen estar polimedicados. En el diagnóstico diferencial se deben incluir las «agujetas» (en éstas no existe contracción muscular), el síndrome de las piernas inquietas (sensación de hormigueo que obliga al paciente a moverse y a caminar para aliviar los síntomas), la neuropatía periférica diabética (parestesias y sensación quemante en los pies) y un síndrome de claudicación intermitente que puede originarlos tanto en reposo como al realizar ejercicio. Ante un paciente con calambres se debe descartar siempre una posible etiología antes de filiarlos como idiopáticos.

Si no es posible el tratamiento causal se comentarán medidas generales como el ejercicio, la terapia postural, el abandono del alcohol y la cafeína, la realización de una hidratación adecuada, etc. Durante la fase aguda dolorosa el estiramiento del grupo muscular es perentorio. Si es en la pantorrilla se debe poner el peso sobre la pierna acalambrada doblando la rodilla. Si es en uno de los muslos se debe estirar la pierna doblando la cintura hacia delante. La aplicación de frío relajará el músculo y el calor será beneficioso una vez desaparecida la contracción.

Respecto a los tratamientos farmacológicos, existen pocos ensayos clínicos que los avalen y los finalizados muestran resultados no concluyentes. Algunos metaanálisis sobre la utilidad de la quinina son contradictorios por su baja calidad metodológica y por sesgos de selección. Al parecer, una dosis de 200 a 300 mg/día de sulfato de quinina reduciría, en la población general, el número de calambres nocturnos pero no la intensidad ni la duración. En otro metaanálisis posterior se observó que las diferencias entre quinina y placebo eran menores, pero su valor es cuestionado por existir sesgos de publicación. A la luz de estos datos, antes de iniciar una terapia con quinina se debe valorar el cociente beneficio/riesgo que, en muchos casos, puede ser desfavorable por secundarismos graves como trombocitopenia, náuseas y mialgias. Si se decide prescribir quinina debe ser a dosis bajas, de 200 a 300 mg/día, por la noche, y vigilando sobre todo a los ancianos y nefrópatas, y nunca darlo si existe una enfermedad hepática. De forma empírica se recomienda beber agua tónica porque contiene quinina, y aunque en ocasiones sea eficaz, su dosificación no debe ser mayor de 85 mg/L o de 20 mg por cada 250 mL, es decir, dosis subterapéuticas que obligarían a consumir 3.750 mL de agua tónica al día para ingerir 300 mg de quinina. La teofilina combinada con quinina parece ser mejor que la quinina sola.

Otros fármacos estudiados son el verapamilo, que al ser comparado con la quinina también mejoró los calambres nocturnos, y la trimetazidina (observaciones clínicas). El magnesio no es más eficaz que el placebo. Con dudas, para algunos autores los complejos vitamínicos B serían eficaces o al menos inocuos. La vitamina E no lo es más que el placebo, como tampoco lo son los fármacos antiepilépticos ni los analgésicos. En casos muy graves se ha utilizado la toxina botulínica, eficaz pero de difícil aplicación. También se ha comenzado a utilizar la gabapentina tras la observación de que, en pacientes con esclerosis múltiple tratados con ella, disminuían los calambres rebeldes a otros tratamientos.

En resumen, se trata de un cuadro benigno que se resuelve espontáneamente y en el que el simple estiramiento pasivo del músculo afectado puede ser la solución. Los resultados de los estudios realizados con quinina son contradictorios, debiéndose valorar el riesgo/beneficio por posibles alteraciones hematológicas graves y otros efectos secundarios dosis-dependientes (chinchonismo y acúfenos). Los estudios realizados con otros fármacos son menos numerosos y también contradictorios, pero al menos éstos son menos tóxicos.

Bibliografía
Quinine et crampes. Une efficacité incertaine mais des risques important. La Revue Prescrite. 2009; 206: 372-376.
Kanaan N, Sahara R. Nocturnal leg cramps. Clinically mysterious and painful-lint manageable. Geriatrics. 2011; 56: 34-42.

 

Mercedes Jiménez Casado, Marta Jordán Domingo
Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Delicias Sur. Zaragoza
María Pilar Pérez Labarta
Médico. Grupo INSAN. Zaragoza

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