La niebla

Voy a la guardia por la autovía. No hay mucho tránsito. Pongo el transistor, que me hace compañía.

La niebla, antes de llegar a la ciudad, me indica cuándo va a haber que empezar a trabajar más. Los pacientes vienen con el frío, y ambos son traídos por la niebla.

En estos días de invierno todos los pacientes oftalmológicos dicen que ven como una neblina.

27 7DM886 OPINIONLa niebla encapota la ciudad durante días. Nunca pensé que pudiera sentirme en Londres en una ciudad de provincias. Dicen que hay tanta niebla por el río. En la ciudad donde trabajo hay un río muy grande. Se tiran muchos. Hay una desesperanza parecida a la de Tokio, y eso que es una ciudad de provincias.

Cuando vuelvo a casa de la guardia la niebla es un muro impenetrable en el que hay que sumergirse e ir avanzando. No hay mucho tránsito tampoco. En esos instantes mi vida y mi cuerpo no son más que un tránsito del Centro de Salud hacia la cama de mi casa, poco más. Según progreso en esa nube a ras de suelo sigo pensando como en la guardia. Estoy con máxima alerta por si aparece una luz antiniebla de un coche delante de mí, que se me echa encima de repente, o más bien soy yo el que se echa encima de ella. Pero casi nunca pasa nada porque casi nunca hay nadie o la veo venir. Así estoy en la guardia; casi ningún paciente tiene algo, pero tengo que estar demasiado alerta por si justo el grave entra por la puerta y no le veo venir. A veces creo ver formas en el horizonte, focalizo mi atención e intento reconstruir la silueta de un coche a través de ellas, deduciendo la antiniebla en algún punto de la composición. A veces también veo diarreas, dolores abdominales inespecíficos o manifestaciones aisladas; intento pensar si a través de ellas se pudiera recomponer una enfermedad o algo meritorio de atención.

Cuando salgo de la guardia miro al portal de enfrente y no soy capaz de verlo, envuelto como está en la espesura. Identifico entre ella una luz roja, puntiforme, antiniebla, que interpreto como tu cigarrillo candente cuando le das una calada, porque me has venido a buscar a la salida del trabajo, después de tanto tiempo sin saber de ti. No sé si lo que te envuelve es la niebla o las volutas de humo.

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