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Médicos sustitutos

Lo mejor de ser médico sustituto es que puedes vestirte todos los días con la misma ropa. Como cada día pasas consulta en un sitio diferente todos los compañeros llevan pensando que qué bonita es mi camisa nueva desde hace 5 meses.

Para poder soportar la amarga vida del médico sustituto me tengo que inventar algunos juegos para entretenerme, porque no quiero repetir el MIR ni tomar ninguna droga de momento. Uno que me encanta es el «Quién es quién». Yo llego a un Centro y veo a algunas personas en la Unidad de Administración. Desde ese momento tengo que jugar a adivinar a qué categoría profesional pertenecen. Administrativos, enfermeras, pediatras... No puedo aventurarme a preguntar para confirmar, por dos motivos. Uno, porque se acabaría rápidamente el juego y tendríamos que poner atención a alguna conversación manida, por ejemplo exponerme a que me cuenten algo de los hijos. Y otro, porque queda muy feo preguntar si perteneces a algún colectivo cuando eres de otro. –Perdona, no sé si eres la administrativa... –No, soy la matrona –Uggghhh... Me lo paso pipa habiendo pensado durante una semana que una persona que veía todos los días a última hora era el médico de la consulta de al lado, cuando realmente era el marido de la enfermera, que la pasa a buscar todas las noches. ¡Con qué poco es feliz un médico sustituto! Con que le tengan su papel con líneas de puntos para las bajas y sus folios preparados. Con que le arranque el ordenador a la primera. Con que vaya la impresora. Con que no tenga que buscar dónde están las mamografías. Con que haya fluoresceína y lubricante (el dedo mojado en agua del grifo entra solo, de todas las maneras). Con que no le tenga que pedir a nadie una receta de estupefacientes ni el pulxi. Con que no le tanguen con el turno de urgencias. Una tachadura en la lista de las urgencias y domicilios en contra del sustituto es una emboscada hasta que no se demuestre lo contrario.

Ser médico sustituto también tiene momentos muy bonitos. El alivio de acabar la sustitución sabiendo que no vas a tener que seguir viendo a algunos pacientes. El alivio de saber que te acabas de librar de una vida pasando esa consulta en ese pueblo perdido, consumiéndote día tras día hasta el momento de tu jubilación.

Si haces algo un poco mal no pasa mucho, siempre podrá venir otro detrás que lo arregle. Si lo haces bien, ya no estarás ahí para recoger los frutos del agradecimiento, en el hipotético caso de que los hubiera. Es muy duro para un médico sustituto pasar consulta sin sentirse querido. Pero muy necesario para él aprender que así sea, por su bien. Una de las cosas que debe dominar el joven médico de familia sustituto es el no esperar nada a cambio. Le pasa lo mismo que al solitario en la vida.

Se es buen médico sustituto cuando se piensa en si aquella elevación de transaminasas con esa ligera anemia ferropénica se trataría finalmente de una enfermedad celíaca, después de que él pusiera al paciente en esa pista; de si detrás de aquellas artralgias con esos anticuerpos positivos habría finalmente un lupus eritematoso sistémico. Se es buen médico cuando se piensa y te das cuenta de que en el fondo te da igual; que no puedes vivir continuamente evaluando todo lo que haces, y que sólo existen los pacientes que han de venir. De la misma manera que no se puede vivir mirando continuamente hacia atrás, atenazado por todo lo que llevamos cargado a nuestras espaldas.

Pero sobre todo se es buen médico cuando se piensa que te da igual pero en el fondo no te da. En el fondo no dejas de pensar si ese momento de lucidez fue una paja mental o realmente fue un momento de gloria que cambió para siempre la vida de ese paciente.

Ser joven médico de familia sustituto es ser un eterno adolescente. Es crecer y aparentar que te dan igual los pacientes y las novias que ya no vas a volver a ver nunca jamás. Pero es, en el fondo, no dejar de pensar en ellas por las noches, en el último suspiro del día, cuando se cierran aunque no quieras los ojos en la cama, un segundo antes de dormirse, cuando se cae rendido después de haber doblado y de haberse visto 90 pacientes entre la mañana y la tarde.

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