Ladrones de cuello blanco

«Ladrones roban millones y son grandes señorones»

Refrán popular

Resulta difícil expresar en pocas palabras la mala leche que nos invade ante el vergonzoso espectáculo que estamos viviendo en nuestro país.

El enfado no sólo se debe a la merma que las medidas económicas impuestas por la crisis están originando en nuestro nivel de vida. Ni siquiera al hecho de que ellas se estén centrando injustamente en el personal de la administración del estado, al que pertenecemos como funcionarios médicos, o al hecho de que, demagógicamente, se nos esté vilipendiando acusándonos de privilegiados para justificar socialmente el latrocinio cometido.

Lo que realmente resulta intragable es que esta pandilla de buitres carroñeros que han dejado nuestra economía hecha unos zorros siguen a nuestro alrededor tan campantes, como si no hubieran roto un plato. Vamos: a sus anchas. Banqueros que gracias a su penosa gestión y al lucrativo aprovechamiento de sus puestos, han dejado a sus entidades en la bancarrota –para que las salvemos con el dinero de todos– y a sus cuentas personales repletas. Políticos, de todo color, que han dejado las arcas de las administraciones públicas con déficit ingentes, gracias a una gestión en la que se ha primado el pelotazo, el amiguismo, las componendas de negocios redondos, las megalomanías chovinistas autonómicas, y sobre todo, a una falta de un mínimo sentido común y responsabilidad que cualquier ama de casa española derrocha cada día en su pequeña economía de supervivencia doméstica. Nos referimos al derroche en la creación de sistemas informáticos específicos e incompatibles para autonomía, a tanta publicación inútil, a la creación de cada vez más cargos de confianza, a toda esa basura que cada día aflora en un sinfín de escándalos.

Lo que realmente enerva es saber que toda esta peña de ladrones de cuello blanco sigue ahí, a nuestro lado, mostrándose sin vergüenza alguna en la televisión, afirmando que no tienen de qué arrepentirse, inmaculadamente ajenos a cualquier atisbo de arrepentimiento y de responder legalmente de sus tropelías, y mucho menos aún, de resarcir con su patrimonio el expolio provocado. Lo que indigna es verles exigiendo medidas económicas más duras –el eufemístico «esfuerzo de todos»– como solución indispensable para enderezar esta penosa situación, creada en gran parte por ellos.

Lo que se silencia clamorosamente es que la crisis es no sólo un asunto económico sino ante todo una cuestión de valores, y que junto al abordaje inmediato de su parcela económica hay que exigir la responsabilidad legal y económica de las personas/entidades implicadas.

Es posible que las medidas que están esquilmando gran parte de los derechos sociales adquiridos en los últimos tramos de nuestra historia puedan, en el mejor de los casos, reconducir la grave situación económica actual. Sin embargo, el deterioro moral de nuestra sociedad, la primacía del tener sobre el ser, el ejemplo y la percepción de que todo vale, de que robar impunemente es una posibilidad válida para los grupos privilegiados del poder político-económico, y que la forma de desarrollarse en el ámbito laboral y económico es el trapicheo, amiguismo y pelotazo, eso es un activo tóxico que se ha puesto en evidencia como nunca anteriormente, que lastra profundamente nuestra sociedad y que no se solucionará sólo con recetas económicas.

Nuestra sociedad está enferma, gravemente enferma. La crisis económica es un síntoma importante, pero no único. La etiología que subyace son los valores morales imperantes en la misma –todo vale para ganar dinero– y los mecanismos patogénicos implicados corresponden a los tejemanejes de los agentes económicos con la colaboración aquiescente de los políticos. Será un error grave pautar tan sólo un tratamiento sintomático, a todas luces paliativo, si no se abordan de forma concomitante los mecanismos etiopatogénicos anteriormente señalados.

 

«La crisis es no sólo un asunto económico, sino ante todo una cuestión de valores»

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Albert Jovell

Presidente del Foro Español de Pacientes  †2013

 

 

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