Va a ser que sí o.....sí

Si hay un aspecto en que tanto los españoles de a pie como nuestra fauna política coinciden es en la excelente calificación de nuestro sistema sanitario, «uno de los mejores del mundo», como repiten babeantes de placer nuestros regidores, al mismo tiempo que aluden a sus buenos resultados en salud “eficacia“, a su buena relación costo efectiva “eficiencia“ y a su carácter puntero en algunas áreas, como los trasplantes.

Pese a este carácter rayano en la «excelencia», el buque insignia de nuestro sistema de protección social viene siendo cada vez más cuestionado por los expertos, que aluden a la imposibilidad de su sostenimiento económico a corto plazo si no se acometen las necesarias reformas. La dura verdad es que esta inviabilidad económica es reconocida en petit comité por la práctica generalidad de los administradores sanitarios y políticos, pero por supuesto, nunca ante el público ni los media. Hablando en plata: nuestras autoridades conocen que el sistema sanitario en los términos actuales no es sostenible, pero callan y evitan actuar porque nadie quiere ponerle el cascabel al gato. El trasfondo es algo tan sencillo y mezquino como el hecho de que no resulta políticamente rentable abordar esta cuestión, con lo que al igual que otras situaciones similares que abocaron al desastre actual (burbuja inmobiliaria, gestión inadecuada de las entidades financieras....) se viene dejando que se cronifique y ruede...a ver qué pasa.

Como médicos de familia creemos desde nuestra juventud en la idoneidad de la atención sanitaria a través del sistema público de salud y hemos configurado nuestro andamiaje intelectual para la praxis profesional asumiendo conceptos como accesibilidad, gratuidad, universalidad, asistencia integral, etc. El haber participado durante tres décadas en su desarrollo y en la tarea de mejorar la salud de nuestros conciudadanos nos llena de satisfacción y sigue dotando de un sentido más pleno a nuestra actividad diaria como médicos.

Pero los años de la benefactora reforma sanitaria de los ochenta han quedado en el pasado y en la actualidad, junto a muchas cosas buenas a conservar, entendemos que hay elementos que requieren sin dilación ser modificados. Entre otros, es preciso abrir la caja de Pandora, silenciada y políticamente incorrecta, y poner sobre el tapete lo evidente: la necesidad de abordar también el abuso que se está realizando del mismo por parte de algunos conciudadanos. Tema delicado el que tocamos –resbaladizo a ojos vistas–, pero que expresa algo que los sanitarios conocemos bien: la asistencia sanitaria devenida en no pocas ocasiones en un auténtico desmadre y expresada en innumerables ejemplos que por conocidos desestimamos enumerar.

Sin introducir una reflexión etiológica profunda, nos gustaría expresar a modo de retazos que los mensajes de nuestros políticos acerca de los derechos de los usuarios no han ido –ni mucho menos– paralelos a aquellos referidos a la necesidad de cumplir con sus obligaciones y responsabilidades; ya se sabe: el usuario siempre tiene razón. Por otra parte y respecto a nosotros los sanitarios y sobre todo a los medios de comunicación, creemos que la –mal llamada– educación sanitaria realizada, lejos de promover la responsabilidad y el autocuidado de los pacientes, ha constituido un estupendo caldo de cultivo para la iatrogenización, consumismo y dependencia excesiva respecto a la estructura sanitaria; ya se sabe: «siempre es mejor prevenir».

El mazazo de esta vergonzante crisis económica y la consecutiva pérdida de derechos sociales que estamos viviendo están poniendo sobre el tapete, sí o... también, la necesidad de garantizar un uso aún más eficiente de nuestro sistema sanitario que preserve su viabilidad futura.

Dado que en el capítulo de personal se ha aplicado sin contemplación alguna la restricción salarial para unos sueldos sanitarios previamente situados entre los más bajos de Europa, que se ha implementado una fuerte contención del gasto en farmacia, que se ha reducido sustancialmente el gasto corriente, etc., resulta imprescindible llamar al pan, pan y al vino, vino; que se le ponga el cascabel al gato y se aborde sin tapujos la necesidad de limitar los evidentes abusos actuales que inciden en el sistema sanitario.

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Albert Jovell

Presidente del Foro Español de Pacientes  †2013

 

 

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