El martirio que se sufre por el suicidio de un paciente

Al poco de haber terminado la residencia de psiquiatría logré una plaza en un hospital comarcal. Un paciente consultó por insomnio solicitando algo para dormir. Se encontraba muy mal porque su mujer le había abandonado, no sabía nada de ella y la policía le había asegurado que el abandono había sido y era voluntario.

Le había dejado con dos niños uno de 4 años y otro de 2. El hombre no sollozaba. Miraba al vacío y no hacía sino repetir "Si no fuera por los niños más valdría morirme" Estuve hablando largo tiempo con él e intenté acotar si había peligro de suicidio. Incluso le propuse unos días de hospitalización, pero con una mirada irónica me comentó si podía llevar a su hijos. Le receté una benzodiacepina y lo cité para unos días. El paciente fue encontrado ahorcado al día siguiente.

Comentario del remitente. «Más valdría morirme» El médico de atención primaria (AP) y cualquier otro especialista escucha a veces esta aseveración sin saber cuándo es una falsa y estridente llamada de atención o la insinuación de un suicidio inminente. No hay recuerdo profesional más amargo que el que persiste tras la duda de si un cambio de tratamiento o una alarma dada a tiempo hubiera podido evitar el suicidio de un paciente. Desde entonces casi me he especializado obsesivamente en este tema y quiero dejar un bosquejo que publiqué en una revista de difusión nacional por si sirve de ayuda. Se han elaborado escalas de riesgo de suicidio (ERS) basadas en casos reales intentando identificar aquellos rasgos que podrían "anunciarlo"; pero éstas no pueden recoger variables culturales, la intuición del médico u otros factores que pueden influir en la evitación del mismo. Además, los estudios prospectivos cifran los suicidios "consumados" pero no los "evitados", de modo que es imposible valorar la utilidad clínica de dichas escalas. Las ERS son pues instrumentos para colgar una nota de alerta en la historia clínica del paciente, pero nada más. Uno de los factores de riesgo más potente es la creencia del paciente de que su "situación es inaguantable", debiendo ser tomado como principal signo de alerta. Algunos datos demográficos y sociales pueden servir también de orientación y así se consideran la edad mayor de 45 años (aunque algunos estudios indican que el suicidio disminuye después de los 50 años), el sexo masculino, el estado civil soltero y estar en paro como facilitadoras, siendo las contrarias (tener trabajo, ser mujer y casada) factores de escasa potencia. El estado de salud física y mental se relacionan con el riesgo de suicidio debiéndose considerar, por sus altos valores predictivos, el estado de enfermedad física crónica, la depresión grave, la existencia de psicosis y/o alteraciones graves de la personalidad así como el abuso de alcohol y otras drogas junto al sentimiento de desesperanza. Contra la creencia de que el verdadero suicida "no avisa" los pacientes de alto riesgo de suicidio consumado hacen frecuentes manifestaciones de su deseo y además durante mucho tiempo. También indica la probabilidad de suicidio consumado el relato de cómo se hará y si se planea de forma que la salvación sea improbable. Por el contrario los pacientes de bajo riesgo expresan amenazas de poca intensidad, en escasas ocasiones y si relatan la forma de hacerlo es de fácil tratamiento. En resumen, no existe ningún signo o síntoma patognomónico que prediga el suicidio. No obstante, las amenazas reiteradas, la desesperanza (estar en situación inaguantable) y otros factores de riesgo pueden indicar la intención de un paciente de autolesionarse. A través de una historia clínica y una exploración cuidadosa se puede valorar el perfil de riesgo de suicidio del paciente y establecer un plan adecuado, que puede incluir la hospitalización, la vigilancia domiciliaria con medicación y/o la derivación a un psiquiatra...
Todo esto es la teoría que repito y repito en las clases pero yo recuerdo la mirada de aquel hombre casi a diario.

Comentarios del recopilador: Ninguno. O que no nos pase a nadie...

 

Extraído de: Algunos errores médicos propios y ajenos para aprender y meditar. Recopilador: M. Blasco Valle. Editado por GOPAr Grupo de Osteoporosis Aragón. Zaragoza

 

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  • Autor: Recopilador: Mariano Blasco Valle
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