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Funcionamiento intelectual límite: guía y consenso

– El funcionamiento intelectual límite se conceptualiza actualmente como la barrera que separa el funcionamiento intelectual «normal» de la discapacidad intelectual.
– Su prevalencia no puede ser cuantificada y su diagnóstico es incierto.
– Es necesario saber cuáles son las necesidades de atención que presenta la población con un funcionamiento intelectual límite.

El «funcionamiento intelectual límite» es una entidad clínica sumamente compleja. De hecho, no existe un mínimo consenso en la comunidad científica sobre a qué nos referimos cuando empleamos este término y sobre su relación con otros trastornos del desarrollo. Esta falta de delimitación taxonómica debe enmarcarse en el debate actual sobre la reconceptualización del «retraso mental» o «discapacidad intelectual». Los problemas de taxonomía y terminología en el caso del funcionamiento intelectual límite son aún mayores que en otras condiciones clínicas. En el DSM-IV-TR se menciona de forma residual la «capacidad intelectual límite» como un grado de cociente intelectual entre una y dos desviaciones estándar por debajo de la media (70-84). La falta de consenso terminológico y la ausencia del funcionamiento mental límite en las principales clasificaciones diagnósticas hacen que sea especialmente difícil calcular su prevalencia entre la población general. Si se considera la distribución normal del cociente intelectual, este grupo de población debería representar al menos el 13,6% del total; de hecho, diferentes estudios sitúan el problema en un 12-18% de la población.
Con el fin de avanzar en el desarrollo de un consenso internacional en este campo, la Asociación Catalana Nabiu (ACNabiu) inició en 2007 el proyecto CONFIL. Este proyecto agrupa a un conjunto de profesionales de distintas áreas y tiene los siguientes objetivos: a) dotar al campo de conocimiento del funcionamiento intelectual límite de un marco conceptual en el conjunto de los problemas del desarrollo a lo largo del ciclo vital, desde una perspectiva de atención integral centrada en la persona; y b) establecer directrices de consenso sobre el funcionamiento intelectual límite en Cataluña. Los autores de este artículo exponen el proceso de consenso y presentan de forma resumida las conclusiones alcanzadas en el área sanitaria por el grupo CONFIL. Para gestionar este concepto de salud insuficientemente definido (funcionamiento intelectual límite) y que, además, se relaciona con un sistema de atención mal tipificado (trastornos del desarrollo intelectual), ha sido necesario estudiar el marco actual para poder conocer el contexto, la terminología y el contenido. Para ello se reunió la bibliografía más relevante al respecto, teniendo en cuenta las fuentes de donde provenía, y se propusieron unos cuantos temas clave en los que se necesitaba alcanzar un consenso. El funcionamiento intelectual límite se definió como una «metacondición de salud que requiere atención sociosanitaria, educativa y legal específica». Se caracteriza por disfunciones cognitivas diversas que se asocian a un coeficiente intelectual de entre 71 y 85, y que determinan un déficit en el funcionamiento de la persona tanto en la restricción de sus actividades como en la limitación de su participación social, con los siguientes descriptores:
• No se trata de un síndrome, un trastorno ni una enfermedad, sino que constituye una agrupación heterogénea de síndromes, trastornos o enfermedades específicos del neurodesarrollo y posiblemente de variaciones extremas de la normalidad.
• Se puede definir como una «metacondición de salud que requiere atención sociosanitaria específica».
• Los déficits cognitivos que subyacen en la valoración global del cociente intelectual son heterogéneos, por lo que la valoración cognitiva de las personas no debería quedar limitada a la medición del cociente intelectual.
• No todas las personas con un cociente intelectual entre 71 y 85 tienen limitaciones en la actividad y restricciones en la participación, por lo que es necesaria una valoración específica de capacidades y funcionamiento para establecer el diagnóstico.

Para detectarla de forma precoz y poder desarrollar las intervenciones oportunas cuanto antes (resulta imposible durante la primera infancia), se requiere que los distintos profesionales y servicios colaboren desde el primer momento y que exista un contacto fluido entre los servicios de salud y los recursos educativos y sociales. Más adelante, en la edad adulta, se hará necesaria la participación de los ámbitos laboral, de vivienda y en ocasiones de justicia. Los niños y adolescentes son una población de riesgo, vulnerable, y acumulan distintos problemas evolutivos, mentales y sociales. En un estudio de seguimiento de adolescentes se detectó que los factores psicopatológicos más relacionados fueron, además de las dificultades en competencia social, el déficit en habilidades de la vida cotidiana, los problemas de salud y los acontecimientos adversos negativos. Un tema de especial relevancia es la formación de los profesionales encargados de atender a estas personas. La investigación requiere un consenso a escala internacional sobre este concepto y establecer criterios operativos ampliamente aceptados. A partir de aquí, se podría trabajar en el desarrollo de métodos específicos para su detección y diagnóstico con el fin de conocer su incidencia y prevalencia. También se necesitan respuestas sobre cuáles son las intervenciones más adecuadas y efectivas en la atención de las personas con funcionamiento intelectual límite.
Considerando todo lo expuesto, el grupo CONFIL 2007 propone un modelo de atención integral u holístico que atienda tanto los aspectos sociosanitarios como los aspectos educativos, laborales y jurídico-administrativos de las personas con funcionamiento intelectual límite cuando exista alguna necesidad no cubierta.

Carulla L, García JC, Ruiz M, Artigas J, García J, González J, et al. Funcionamiento intelectual límite: guía de consenso y buenas prácticas. Revista de Psiquiatría y Salud Mental. 2013; 6(3): 109-120.
 

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