El papel de la sustancia blanca cerebral en la empatía

  • La capacidad empática es un campo de investigación abordado desde varias disciplinas.
  • Tanto la capacidad empática como sus funciones asociadas parecen estar relacionadas con los fascículos de la sustancia blanca.

La empatía es un componente de la cognición social que se ha definido como el acto de percibir, comprender, experimentar y responder al estado emocional y a las ideas de otra persona, siendo similar la emoción que uno siente a la que se percibe (experimentándola directa o imaginariamente) y reconociendo que la fuente de dicha emoción no es propia. De hecho, la capacidad empática es relevante para un adecuado funcionamiento de las relaciones sociales, ya que favorece el comportamiento prosocial e inhibe las conductas antisociales. La empatía está compuesta por un componente afectivo (empatía emocional) y por un componente cognitivo (empatía cognitiva). La empatía emocional es una capacidad relativamente automatizada cuya función se asocia con la identificación de una emoción observada en otra persona y una posterior reacción afectiva similar a la observada, mientras que la empatía cognitiva es una capacidad centrada en la toma de perspectiva de la situación de los demás y que hace uso de funciones cognitivas de orden superior. La relación entre estos dos componentes de la empatía sigue siendo objeto de debate, aunque existe cierto consenso a la hora de entenderlos como dos sistemas conformados por circuitos cerebrales relativamente diferenciados y con un funcionamiento independiente.

Las investigaciones orientadas a descubrir las bases neuroanatómicas de la empatía se han centrado en demostrar correlaciones entre áreas cerebrales específicas y diversas variables sociocognitivas asociadas a la empatía, así como en investigar posibles alteraciones en personas con trastornos caracterizados por una falta de empatía. Dichos estudios han indicado que las principales estructuras cerebrales involucradas en la empatía incluyen la corteza prefrontal ventromedial y dorsolateral, la corteza cingulada anterior, el giro frontal superior e inferior izquierdo, la corteza frontopolar, la encrucijada temporoparietal, la amígdala y la ínsula.

Si bien es cierto que se han llevado a cabo multitud de estudios centrados en las estructuras corticales y subcorticales implicadas en la empatía, son escasos los que han analizado el papel de la sustancia blanca, que queda relegada a un plano secundario a pesar de ser un componente esencial del sistema nervioso central (SNC).

El objetivo fundamental de los autores de este artículo era analizar la relación entre los diferentes fascículos largos de asociación de la sustancia blanca y la empatía. Además, pretendían establecer una diferenciación entre dichos fascículos, las funciones a las que están asociados y el tipo específico de empatía (cognitiva o emocional) con el que se relacionan. Basándose en ello, establecieron la hipótesis de que un funcionamiento óptimo y la integridad estructural de los fascículos largos de asociación de la sustancia blanca se relacionarían con una mejor capacidad empática. Además, dicha relación será mayor entre los tractos de sustancia blanca que conecten las áreas frontotemporoparietales.

Los autores llevaron a cabo una revisión en la bibliografía de artículos centrados en la relación entre la sustancia blanca y la empatía. Los artículos proporcionaron evidencia de dicha relación mediante el establecimiento de asociaciones con funciones vinculadas a la capacidad empática o mediante el estudio de trastornos caracterizados por un claro déficit empático.

A partir de dicha revisión, los autores concluyen que tradicionalmente la capacidad empática se ha asociado con un gran número de estructuras del SNC, dejando la conectividad entre ellas de lado, pero con esta revisión han expuesto estudios que han aportado pruebas de la importancia que también parece tener la sustancia blanca para que se dé la capacidad empática.

Las investigaciones han proporcionado evidencias de la existencia de diversos tipos de relación entre el grado de integridad de la sustancia blanca y las funciones subyacentes a la capacidad empática. Así pues, se ha descrito una correlación positiva entre una mejor conectividad cerebral y la capacidad empática. También han aportado evidencias de correlaciones negativas entre la integridad de los tractos de sustancia blanca y el grado de alteración en funciones que se estiman necesarias para la empatía en diversos trastornos mentales. Estos resultados proponen la existencia de una extensa desconexión en los módulos del cerebro que abarca todas las cortezas (frontal, temporal, parietal y occipital) en los trastornos con una empatía afectada, y ponen de manifiesto que los grandes conjuntos de fibras nerviosas pueden estar relacionados con la empatía.

Un dato que cabe resaltar es que, aunque todos los fascículos influyen en cierta medida en las diferentes formas de empatía, cada tracto parece tener una función específica asociada a ellos. Esto puede deberse a que hay vinculaciones entre regiones determinadas a las que subyacen funciones concretas. Sin embargo, la empatía parece verse reflejada a través de varios tractos de sustancia blanca, uniendo diversas regiones cerebrales y estableciendo un funcionamiento conjunto de varias funciones específicas. Esta funcionalidad global o generalizada es consistente con las características multidimensionales del comportamiento empático, que abarca funciones afectivas, cognitivas, atencionales y de flexibilidad cerebral.

Por ello, la adopción de un enfoque de funciones interconectadas mediante múltiples fascículos de sustancia blanca es de gran utilidad porque ayuda a conceptualizar la empatía de una forma más completa, explicando la empatía como la consecuencia de diversos eventos producidos en múltiples áreas cerebrales prácticamente de forma simultánea.

En lo referente a los tipos de empatía (cognitiva y emocional), las investigaciones han concluido que, aunque todos los fascículos están implicados en un grado u otro en los dos tipos de empatía, hay algunas funciones que sí podrían relacionarse específicamente con tractos de fibras determinados. Así, el deterioro de un tracto específico podría condicionar un fallo en una capacidad empática específica, provocando un síntoma característico de un trastorno; sin embargo, pese a que se sugiere la existencia de un predominio de tractos concretos, es muy poco probable que dichas funciones/síntomas se relacionen con uno solo de los tractos. Esto podría deberse a que se trata de redes anatómicas que, si bien están categorizadas de forma diferencial, se encuentran profundamente vinculadas entre sí y sus interconexiones pueden verse afectadas por alteraciones en cualquiera de las regiones cerebrales.

El descubrimiento de que la disfunción de la sustancia blanca es un factor común en los trastornos neurológicos y de la personalidad es de gran importancia, ya que puede ayudar a orientar las futuras investigaciones que potencien intervenciones psicológicas o farmacológicas.

Comes J. Romero A, Moya L. Papel de los tractos de fibras largas de asociación en la empatía. Rev Neurol. 2018; 67: 263-272.

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