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Métodos de evaluación de los trastornos del sueño

• El trastorno de conducta del sueño REM es una parasomnia.
• El diagnóstico suele demorarse varios años desde la aparición de las primeras manifestaciones clínicas.
• Es importante desarrollar métodos de evaluación que permitan una detección precoz.

El trastorno de conducta del sueño REM es una parasomnia identificada y descrita por primera vez en 1986. Es un problema que se caracteriza por la ausencia de la atonía muscular típica del sueño paradójico y la emergencia de una actividad motora compleja y excesiva, que suele manifestarse mediante conductas vigorosas e incluso violentas, asociadas a ensoñaciones de contenido generalmente desagradable. Entre estas conductas, que representan el correlato motor de la actividad onírica del paciente, se incluyen acciones como gritar, agitar los brazos, dar patadas y puñetazos o levantarse de la cama; de ahí la caracterización de esta patología como «actuación de los ensueños». Como resultado de ello, las lesiones no son infrecuentes, tal como informan entre un 33 y un 65% de los pacientes, pudiendo producirse laceraciones, hematomas y fracturas, tanto en el propio individuo como en su compañero de cama. La frecuencia de estos episodios, que ocurren preferentemente en la segunda mitad de la noche, es muy variable, desde una sola vez cada varias semanas hasta varios episodios por noche, y a pesar de que en ocasiones la actividad motora es muy significativa, pocos pacientes se quejan de alteración del sueño nocturno, por lo que la presencia de fatiga y somnolencia excesiva diurna es infrecuente. La duración de los episodios suele ser breve, y en caso de que en uno de ellos el sujeto se despierte, recupera rápidamente la conciencia y la orientación.

El trastorno de conducta del sueño REM puede darse tanto en forma aguda como crónica. La forma aguda tiene una causa tóxico-metabólica derivada de la acción de ciertas sustancias; es decir, normalmente está inducida por el uso de determinados fármacos o drogas, o bien se asocia a su retirada. La forma crónica es idiopática en alrededor del 60% de los casos, siendo en el resto secundaria a diversas alteraciones neurológicas, sobre todo enfermedades neurodegenerativas. El diagnóstico suele demorarse varios años desde la aparición de las primeras manifestaciones clínicas, ya que la frecuencia, intensidad y duración de éstas progresa a lo largo del tiempo, por lo que en sus inicios el trastorno suele pasar desapercibido. La necesidad de disponer de evidencia polisomnográfica para confirmar el diagnóstico hace que la evaluación de este problema resulte muy costosa. Por ello, el desarrollo de instrumentos de evaluación que permitan una detección precoz de los individuos probablemente afectados por esta patología constituye una de las líneas más actuales de investigación en este campo.

El propósito de los autores de este trabajo fue analizar los desarrollos recientes en el ámbito de la evaluación del trastorno de conducta del sueño REM, presentando las diversas herramientas disponibles en la actualidad y aportando datos acerca de sus garantías científicas.

Los autores examinan diversos procedimientos de evaluación, tanto objetivos, como serían la polisomnografía que debe incluir canales de electromiografía o el registro de vídeo sincronizado con la polisomnografía, como subjetivos, como los diferentes cuestionarios (el de Mayo de sueño, el de cribado del trastorno de conducta del sueño REM, el de cribado de pregunta única, etc.), que han sido desarrollados para ayudar a la evaluación de estos componentes. A pesar de que el conocimiento sobre el trastorno de conducta del sueño REM ha avanzado de manera notable en los últimos años, el diseño y validación de instrumentos específicos para su evaluación se encuentra, sin embargo, en una fase incipiente de desarrollo. En esencia, las diversas herramientas hoy disponibles han sido diseñadas para ayudar en la evaluación de los dos componentes fundamentales que caracterizan a esta parasomnia: ausencia de la atonía muscular característica del sueño REM e historia de conductas anómalas durante esta fase del sueño, proporcionando información útil tanto para la detección precoz y la evaluación inicial del problema, como para analizar la progresión de éste y medir la respuesta al tratamiento. Respecto a lo primero, cabe destacar que gracias al desarrollo de estos instrumentos puede incrementarse la capacidad para identificar casos probables, lo que permitiría a los clínicos priorizar qué pacientes deben ser evaluados mediante polisomnografía para confirmar la sospecha y realizar el diagnóstico definitivo.

Simón MA, Bueno AM. Desarrollos recientes en la evaluación del trastorno de conducta del sueño REM. Revista Vigilia y Sueño. 2013; 25(2): 12-23.

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