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Antiinflamatorios y antihipertensivos: influencias e interacciones

  • Tanto la hipertensión arterial como la artrosis son enfermedades prevalentes, y el tratamiento simultáneo con antiinflamatorios no esteroideos y antihipertensivos es habitual.
  • Los efectos adversos de los antiinflamatorios no esteroideos son bien conocidos, aunque su posible influencia en el aumento de las cifras de presión arterial es controvertida.
  • La toma de decisiones clínicas a la hora de seleccionar la mejor combinación posible de fármacos antiinflamatorios y antihipertensivos debería basarse en la valoración de la relevancia de las interacciones entre estos dos grupos farmacológicos.

La toma simultánea de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y antihipertensivos es muy común en la práctica médica, especialmente en personas mayores de 60 años. Su empleo puede provocar interacciones medicamentosas, sobre todo en la efectividad del tratamiento antihipertensivo. La interacción está ligada a su mecanismo de acción, es decir, la inhibición de la ciclooxigenasa y el bloqueo de la síntesis de prostaglandinas. Los AINE pueden aumentar la presión arterial a partir de diversos mecanismos: a) alteración de la función renal, reducción del flujo sanguíneo y la tasa de filtración glomerular y retención de sodio; b) disminución de la producción de prostaglandinas, lo que limita la vasodilatación, y c) bloqueo de la ciclooxigenasa-2, con el subsiguiente aumento de vasoconstrictores resultantes del metabolismo del ácido araquidónico. Además, pueden disminuir los efectos vasodilatadores de la prostaciclina, sustancia liberada para contrarrestar la elevación de la presión arterial causada por la angiotensina, la endotelina y las catecolaminas.

Desde el punto de vista farmacológico, los inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina (IECA) se relacionan con un aumento de las prostaglandinas vasodilatadoras, por lo que tienen una alta probabilidad de producir interacciones relevantes con los AINE. En el caso de los antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA II), aunque su mecanismo está ligado a las prostaglandinas endógenas, la producción de bradicinina es menos relevante en cuanto al resultado antihipertensivo, y su posibilidad de interacción es menor. Los betabloqueadores incrementan la síntesis de prostaglandinas vasodilatadoras, por lo que podrían verse alterados por los AINE. Los antagonistas de los canales del calcio podrían ser los menos influidos por los AINE, al no depender su acción de las prostaglandinas o de la prostaciclina vascular.

En esta revisión sistemática de la bibliografía médica los autores delimitan la relevancia clínica de las interacciones medicamentosas entre AINE y antihipertensivos. Tres investigadores, de forma independiente, seleccionaron artículos sobre el tema, incluyendo revisiones sistemáticas, ensayos clínicos aleatorizados controlados, estudios cuasi experimentales, estudios observacionales y análisis de casos. Según su importancia, la interacción se clasificó en: a) grave, si podía causar muerte, hospitalización, intervención quirúrgica o una incapacidad permanente; b) moderada, si era necesario interrumpir la farmacoterapia, prolongar la hospitalización o agregar nuevos medicamentos al tratamiento, y c) leve, si no afectaba a la salud del paciente. La probabilidad de que se produjese la interacción se definió, según la evidencia encontrada, como: a) definida, cuando se basaba en metaanálisis, revisiones sistemáticas o ensayos clínicos; b) probable, si se basaba en datos de estudios analíticos o descripción de tres o más casos clínicos, y c) posible, cuando se basaba en descripción de menos de tres casos clínicos o en recomendaciones de grupos de expertos. De acuerdo con las posibles combinaciones de gravedad y probabilidad, se definió la relevancia como de nivel 1 o riesgo muy alto, nivel 2 o riesgo alto, nivel 3 o riesgo medio y nivel 4 o riesgo bajo.

Los resultados revelan que los AINE se asocian a un aumento de las cifras de presión arterial en pacientes en tratamiento antihipertensivo, y que además la efectividad de los antihipertensivos disminuye cuando se asocian al uso concomitante de AINE. Al analizar su influencia sobre los distintos grupos de fármacos antihipertensivos, en el caso de los IECA, su interacción, sobre todo con los inhibidores de la ciclooxigenasa no selectivos, es de mayor relevancia clínica en pacientes mayores y con problemas renales. En cuanto a su seguridad, se ha relacionado con el desarrollo de angioedema. No se encontró evidencia de que celecoxib produjera un efecto notorio sobre la presión arterial cuando se utilizaba con lisinopril. Tampoco se constató que el ácido acetilsalicílico aumentase las cifras de presión arterial en pacientes en tratamiento antihipertensivo.

Varios AINE no selectivos causaron un aumento de la presión arterial en pacientes en tratamiento diurético tiazídico. El celecoxib y el paracetamol, en cambio, no elevaron la presión arterial. En pacientes en tratamiento con diuréticos y ARA II, además de metformina, la adición de celecoxib se asoció a una complicación grave, sin relación con las cifras de presión arterial. La indometacina hizo inefectivo el tratamiento con ARA II, hecho que no se constató ni con el ácido acetilsalicílico ni con las cifras de presión arterial o la prevención cardiovascular, y tampoco con el celecoxib.

Los betabloqueadores son muy sensibles a la interacción con los AINE; sin embargo, en pacientes en tratamiento antihipertensivo con betabloqueadores no se observó influencia de los AINE sobre la presión arterial.

Los bloqueadores de los canales del calcio dihidropiridínicos presentan un buen comportamiento frente a los AINE. Éstos no elevaron las cifras de presión arterial en pacientes tratados con verapamilo.

En cuanto a la seguridad, la combinación de AINE e IECA puede favorecer la aparición de angioedema, y debido a la probabilidad de disminuir la función renal y la aparición de hiperpotasemia en pacientes de edad avanzada y con función renal disminuida, se debe realizar un seguimiento más estrecho.

Los autores concluyen que en los pacientes en tratamiento antihipertensivo el uso concomitante de AINE puede incrementar las cifras de presión arterial y generar problemas de inefectividad, especialmente con los IECA, los betabloqueadores, los diuréticos y los ARA II. Los bloqueadores de los canales del calcio, especialmente los dihidropiridínicos, serían los medicamentos adecuados en pacientes hipertensos con dolor crónico y que precisan la prescripción de AINE.

Villa J, Cano A, Franco D, Monsalve M, Hincapié J, Amariles P. Relevancia clínica de las interacciones medicamentosas entre antiinflamatorios no esteroideos y antihipertensivos. Aten Primaria. 2014; 46(9): 464-474.

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