La enfermedad arterial periférica sugiere un posible fallo renal

- El índice tobillo-brazo es un marcador de riesgo cardiovascular que guarda una excelente relación con el desarrollo de complicaciones vasculares.
- Casi el 40% de los pacientes con enfermedad arterial periférica padecen insuficiencia renal.
- La presencia de una función renal alterada en pacientes con enfermedad arterial periférica requiere un tratamiento complejo.

La enfermedad arterial periférica se asocia a patología vascular en las extremidades inferiores, causada por estenosis o trombosis de las arterias de las extremidades; es una manifestación de aterosclerosis sistémica. La determinación del índice tobillo-brazo (ITB), al tener mayor precisión diagnóstica que la presencia de claudicación intermitente, se utiliza para el diagnóstico y para la realización de estudios epidemiológicos. Así, un ITB inferior a 0,9 tiene una sensibilidad del 95% y una especificidad del 100% para detectar una estenosis en el territorio vascular de las extremidades inferiores, lo que se traduce en la presencia de arteriosclerosis en dicha zona. Además, el ITB es un marcador de riesgo cardiovascular que guarda una excelente relación con el desarrollo de complicaciones coronarias, con la incidencia de ictus y con la mortalidad cardiovascular. La insuficiencia renal crónica y la enfermedad arterial periférica tienen como sustrato común la aterosclerosis, y además comparten factores de riesgo como la diabetes, la hipertensión arterial y el tabaquismo.

Los autores de este estudio se plantearon como objetivo conocer la prevalencia de enfermedad renal crónica, definida por un filtrado glomerular inferior a 60 mL/min/1,73 m2, en población mayor de 49 años con enfermedad arterial periférica; como objetivo secundario, se propusieron analizar la relación entre la asociación de enfermedad arterial periférica e insuficiencia renal con los factores de riesgo cardiovascular clásicos. Para ello seleccionaron toda la población mayor de 49 años de la ciudad de Oviedo (Asturias) y realizaron un cálculo de una muestra aleatorizada según una prevalencia estimada del 10% con un error alfa del 5%. El tamaño final de la muestra, contando con una previsión de pérdidas, fue de 996 individuos. Se recogieron datos demográficos y clínicos de los participantes, presencia de factores de riesgo cardiovascular, patología cardiovascular establecida y tratamientos farmacológicos, y se les practicó un electrocardiograma y unos análisis. Iniciaron el estudio 511 personas, el 37,4% de los cuales eran varones, con una edad media de 66 años. El 31,2% eran hipertensos, el 16,6% fumadores, el 7,8% diabéticos y el 26,7% presentaban alteración del metabolismo lipídico. El 12,4% de la muestra tenía enfermedad arterial periférica, definida por un ITB inferior a 0,9; el 46% de ellos eran varones, con una edad media de 72,6 años. El 39,7% de los pacientes con enfermedad arterial periférica tenían un filtrado glomerular inferior a 60 mL/min. Los pacientes con enfermedad arterial periférica e insuficiencia renal tenían una mayor edad y presentaban unas cifras más elevadas de presión sistólica y diastólica, glucemia basal, proteína C reactiva y excreción urinaria de albúmina. Se comprobó, además, que en el grupo con insuficiencia renal había una prevalencia superior de aneurismas de aorta abdominal y una mayor tendencia a presentar enfermedad coronaria, insuficiencia cardiaca y enfermedad cardiovascular global. La prevalencia de enfermedad arterial periférica en este estudio se corresponde con la señalada en otros estudios poblacionales que han utilizado el mismo criterio de ITB inferior a 0,9; sin embargo, existe una amplia variación respecto a la prevalencia observada en otros estudios poblacionales internacionales, que podría justificarse por la diferencia en el riesgo cardiovascular de los distintos países, dado que España es un país con bajo riesgo cardiovascular según las tablas internacionales.
Casi el 40% de los pacientes con enfermedad arterial periférica padecían insuficiencia renal crónica, y era frecuente la asociación entre ambas enfermedades. El grupo de pacientes con enfermedad arterial periférica e insuficiencia renal crónica estaba compuesto por individuos de mayor edad, predominantemente mujeres (64%), y con todas las variables, a excepción del perfil lipídico, superiores a las de los pacientes con función renal normal, aunque los únicos parámetros que alcanzaron diferencias estadísticamente significativas fueron la creatinina plasmática y la proteína C reactiva. Las diferencias en el perfil lipídico podrían justificarse por la coexistencia de tratamiento farmacológico, dada la mayor prevalencia de dislipemia en los pacientes con afectación renal. La excreción urinaria de albúmina fue superior en el grupo de pacientes con enfermedad renal. La prevalencia de cardiopatía isquémica, ictus e insuficiencia cardiaca fue más elevada en el grupo con insuficiencia renal, aunque muy inferior a las publicadas en otros estudios. No se hallaron referencias que analizasen la asociación de aneurisma aórtico abdominal en una población con enfermedad arterial periférica e insuficiencia renal.
Los autores concluyen que la presencia de enfermedad arterial periférica es un signo de aterosclerosis generalizada y está asociada a una mayor morbilidad cardiovascular. Por tanto, debería establecerse una estrategia de detección a fin de identificar a esta población de mayor riesgo. Por otra parte, señalan que el tamaño muestral del estudio es pequeño para intentar encontrar diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos, especialmente en lo que respecta a la distribución de factores de riesgo o enfermedad cardiovascular, y que no se pueden establecer relaciones causa-efecto entre enfermedad arterial periférica e insuficiencia renal, dado el carácter transversal del estudio. La presencia de una función renal disminuida obliga a tener presente este factor a la hora de ajustar y emplear adecuadamente numerosos fármacos. La coexistencia de ambas enfermedades probablemente delimite un subgrupo de pacientes con elevado riesgo cardiovascular que podría beneficiarse de un diagnóstico y un tratamiento tempranos.

Tranche S, Marín R, Fernández R, Riesgo A, Hevia E García J. Enfermedad arterial periférica e insuficiencia renal: una asociación frecuente. Revista Nefrología. 2012; 32(3): 313-320.
 

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