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Jubilación: ¿Inicio de la vejez o liberación del estrés laboral?

Actualmente, los países industrializados tienden a aumentar la esperanza de vida de su población y se prevé que esta tendencia se extienda, en un futuro próximo, a otros países en fase de desarrollo. El término «envejecimiento de la población» puede interpretarse de distintas maneras. 

Mientras por una parte se contempla como un fenómeno negativo y una carga para la sociedad, por otra, se piensa que el aumento de la esperanza de vida ha sido uno de los principales avances del siglo pasado y que las personas de edad avanzada ahora son mucho más saludables y se sienten más jóvenes que las personas de generaciones anteriores. En la década de los sesenta, el porcentaje de personas mayores de 65 años en España se situaba en torno al 8%, y desde esa fecha hasta hoy la población de personas mayores ha aumentado hasta situarse en el año 2010 en torno al 25%. Las estimaciones de población para el año 2050 prevén que el colectivo de personas mayores de 65 años constituirá más de un cuarto de la población de la Unión Europea.

Una de las consecuencias del aumento de la esperanza de vida es que, con mayor frecuencia, la edad de jubilación está siendo disociada de la edad biológica. La edad que se toma como referencia para que a una persona se la defina «de edad avanzada» se sitúa habitualmente en torno a los 65 años, ya que en muchos países europeos es la edad establecida por ley para jubilarse en la mayoría de las profesiones. Esta discrepancia entre edad biológica y laboral hace que haya grandes diferencias individuales en la adaptación a la jubilación. Para algunas personas, ésta significa simplemente el final de la vida laboral, un nuevo papel en la sociedad y el comienzo de la vejez, mientras que para otras, es una liberación del estrés laboral.

¿Qué factores determinan estas diferencias individuales frente a la jubilación? Estudios recientes han mostrado que una buena salud y un estilo de vida activo contribuyen a que las personas quieran seguir trabajando. Otro factor relacionado positivamente con el deseo de seguir trabajando es la satisfacción con el tipo de actividad profesional (p. ej., posibilidades de expansión/promoción en el trabajo, responsabilidad, satisfacción con el tipo de trabajo, tiempo que se le dedica, etc.). En definitiva, los individuos que se sienten física y mentalmente bien en la etapa de la jubilación son más vulnerables a vivir este período como algo forzado y no se conocen bien las consecuencias que tiene el hecho de verse obligados a abandonar la vida laboral. Varios estudios experimentales han demostrado que la falta de actividad en la vejez puede influir negativamente sobre la salud y el bienestar personal, hasta el punto de afectar incluso a la realización de las actividades básicas de la vida diaria.

El propósito de los autores de este trabajo fue estudiar los efectos que sobre el bienestar personal y la calidad de vida tiene el hecho de permanecer profesionalmente activo en la vejez, así como investigar en qué medida los años de inactividad y el tipo de actividad profesional afectan a las capacidades cognitivas y al bienestar personal.

Los resultados revelaron que las personas profesionalmente activas mostraron mejores habilidades cognitivas como la atención, la memoria o la capacidad para resolver problemas. Estas personas, además, se sentían también más satisfechas con la vida y con su actividad laboral. Estos hallazgos muestran que continuar la estimulación mental en el envejecimiento puede proteger contra el deterioro cognitivo. El declive de las capacidades cognitivas no se limita a aquellas desarrolladas a lo largo de la vida profesional, sino que se extiende de forma global a las funciones psicológicas más generales, como la atención, la memoria o la planificación. A la luz de estos resultados podemos sugerir que el mantenimiento de la actividad mental en la vejez puede frenar la pérdida funcional del envejecimiento cognitivo.

Los resultados mostraron que el mantenimiento de la actividad profesional en el comienzo de la vejez influye positivamente en la autoestima y la satisfacción con la vida y con las actividades realizadas.

Este estudio muestra también que el deterioro de las funciones cognitivas se asocia directamente con una menor satisfacción con uno mismo, con la sensación de que no hay un lugar en el entorno para el individuo y con una mayor insatisfacción social.

Más años de inactividad desde la jubilación causan peor percepción de bienestar personal y menor satisfacción con el trabajo que se ha mantenido en el pasado. Esta última variable, satisfacción con el trabajo, parece depender de la exigencia intelectual que demanda, mientras que el tipo de actividad profesional no parece influir en la percepción del bienestar personal.

Según los autores, al margen de los aspectos sociales o políticos, sería conveniente considerar que la jubilación es uno de los mayores cambios en la vida, y la transición a esa nueva etapa, cuando se decide voluntariamente, podría evitar consecuencias personales negativas. Debido a la mayor longevidad de las personas, y a la vez su mejor estado de salud, las personas mayores, podrían seguir realizando aquellas actividades que les aportan satisfacción y para las cuales todavía se sienten capacitadas. Este punto debería hacernos reflexionar sobre el mejor momento para jubilarse, especialmente en los países más desarrollados, donde la esperanza de vida se ha incrementado de manera considerable y el mejor/peor ajuste al trabajo no se tiene en cuenta a la hora de la jubilación. Los resultados de este estudio muestran los beneficios de mantener libremente una cierta actividad en el envejecimiento. Esto implicaría mayores beneficios para las personas mayores, menos deterioro cognitivo y una mejor percepción de la vida. Juntos, estos tres aspectos son factores básicos del envejecimiento exitoso.

 

Garcí B, Sarabia-Cobo C, Fusari A, Villarino A, Ellgring H, Molina J.A. Envejecimiento activo, capacidades cognitivas y bienestar personal. Psicogeriatria. 2010; 2(2): 113-123.

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