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Trastornos de personalidad en ancianos e instrumentos para su diagnóstico

Las edades avanzadas están asociadas con el declive en numerosas áreas de la vida de las personas a nivel social, económico, físico, cognitivo, etc.). Dado el progresivo envejecimiento de la población, el estudio de este deterioro resulta cada vez más frecuente.

Dada la especial configuración de los factores psicológicos que ocurren en edades avanzadas, como la mayor exposición a factores de riesgo (pérdida de seres queridos, enfermedades graves, deterioro cognitivo, etc.), sería importante conocer bien cómo algunos factores pueden afectar al declive psicológico de las personas, a la aparición de los trastornos mentales a estas edades, y a la comorbilidad existente entre ellos. Se ha visto que la afectación de estas áreas está mediada por numerosos factores que pueden empeorar o mejorar el pronóstico a estas edades.

Uno de los principales problemas existentes para la exploración de la personalidad en individuos de avanzada edad es la carencia de instrumentos adecuados para medir estos factores teniendo en cuenta las características especiales de este grupo de población. A estas edades existen factores que pueden ser difíciles de valorar sin una exploración minuciosa y que, a la vez, pueden estar influyendo en los diagnósticos que se producen. Es probable que este problema metodológico tenga relación con el hecho de que la personalidad y sus trastornos frecuentemente se definen como estructuras estables de comportamiento que afectan a diversas facetas de la vida del individuo; en su forma patológica son disfuncionales, y empeoran el funcionamiento y especialmente la forma de relación con los demás. La creencia en la estabilidad puede afectar negativamente el modo de evaluar estos trastornos en personas mayores porque, como se ha mencionado, existe interacción entre los factores cognitivos y los rasgos de personalidad.

Los trastornos de personalidad empeoran el pronóstico de cualquier enfermedad psiquiátrica, aumentando el riesgo de generar una incapacidad mantenida y encareciendo considerablemente los tratamientos. Sin embargo, los trastornos de personalidad en edades avanzadas continúan siendo un tema inexplorado, existiendo pocos estudios y resultados contradictorios. Esto se debe en parte a las grandes dificultades existentes para diagnosticar esta patología en ancianos ya que existen numerosos problemas para obtener una historia longitudinal adecuada por parte de los pacientes ancianos; los instrumentos diagnósticos, como las entrevistas estructuradas, no están bien ajustados para su utilización en pacientes mayores; y existe el problema de que la nosología actual del DSM-IV se basa en un modelo categórico que no toma en cuenta los cambios vitales asociados a la edad que pueden afectar al comportamiento, al funcionamiento social y a la personalidad.

El objetivo de los autores era determinar la comorbilidad con el eje I en pacientes diagnosticados de trastornos de personalidad, y analizar las posibles diferencias de comorbilidad entre población joven y anciana (mayor de 65 años) con un diagnóstico del eje II.

A partir de una muestra de 2.082 pacientes diagnosticados de trastornos de personalidad mediante criterios DSM-IV, de los cuales 199 (9,55%) eran mayores de 65 años, estudiaron cada grupo de edad por separado, examinando diferencias por sexo, clusters de personalidad predominantes, subtipos de personalidad más frecuentes, comorbilidad con el eje I por grupo de edad y por clusters, así como el grado de funcionalidad y el consumo de recursos sanitarios. Tras el estudio estadístico de los resultados encontraron algunas diferencias significativas entre ambos grupos.

En las personas mayores de 65 años existe un claro predominio de trastornos pertenecientes al cluster A, mientras que entre la población más joven los trastornos más frecuentes son los del cluster B y los no especificados. También encontraron que es más frecuente entre los jóvenes que su diagnóstico principal sea de trastorno de personalidad, mientras que en los mayores de 65 años es más frecuente que este diagnóstico sea secundario, constituyendo el diagnóstico principal sólo en el 17% de los casos. En cuanto a la comorbilidad con el eje I, también encontraron diferencias: en los pacientes mayores de 65 años, así los diagnósticos concomitantes más frecuentes eran los trastornos psicóticos, mientras que en la población más joven existía una mayor comorbilidad con trastornos afectivos y de ansiedad. Los trastornos de personalidad más frecuentes entre la población más joven eran los trastornos no especificados, seguidos del trastorno histriónico y límite, pero entre los mayores de 65 años los más habituales eran los paranoides, histriónicos y el trastorno de personalidad esquizoide. Finalmente, hallamos los resultados esperables en cuanto a la funcionalidad y el consumo de recursos sanitarios: la funcionalidad era menor en las personas mayores y el consumo de recursos sanitarios en este grupo era mayor que en el de los jóvenes.

Aparece un ligero predominio de varones en el grupo de ancianos, mientras que en el grupo de jóvenes predominan las mujeres. En estudios anteriores, los resultados son contradictorios, por lo que no parece muy valorable este aspecto.

En el grupo menor de 65 años, la comorbilidad más frecuente con el eje I se da con los trastornos afectivos y los trastornos de ansiedad, a diferencia de lo que encontramos en el grupo de ancianos, entre los que predomina la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, seguido a distancia por los trastornos afectivos. Esto puede deberse a que en ancianos con sintomatología psicótica negativa o residual el diagnóstico puede ser complejo y no es difícil confundirlo con trastornos de personalidad de cluster A, más aún cuando el diagnóstico es clínico.

En menores de 65 años, el trastorno de personalidad no especificado es el que aparece con mayor frecuencia, seguido del trastorno histriónico y el trastorno límite de personalidad. En el grupo de ancianos, el trastorno paranoide y el histriónico fueron los más frecuentes, seguidos del trastorno esquizoide de personalidad.

Los autores consideran que estos datos han de tomarse como una llamada de atención sobre la importancia de conocer bien cómo opera la personalidad y sus trastornos a edades avanzadas y también sobre la importancia de disponer de instrumentos ajustados para el diagnóstico a estas edades.

 

McKenney K, Cervilla, JA. Actualización y registro de casos de trastornos de personalidad en el anciano. Psicogeriatria. 2010; 2(3): 167-174.

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