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Aunque no pierda peso, ¡haga ejercicio!

• El ejercicio físico habitual y moderado es beneficioso para las personas sanas no obesas, independientemente de la pérdida de peso.
• Las personas que realizan ejercicio físico moderado con regularidad tienen un mejor perfil lipídico: colesterol HDL más alto y triglicéridos más bajos.
• La sensibilidad a la insulina mejora en quienes practican ejercicio.
• El síndrome metabólico es más prevalente en las personas sanas sedentarias que en las que mantienen una mayor actividad física.

La excesiva ingestión calórica y el estilo de vida sedentario propio de las sociedades desarrolladas han generado en los últimos años una mayor prevalencia de obesidad, dislipemia, insulinorresistencia y diabetes tipo 2. La actividad física es un importante mecanismo para prevenir o mejorar la resistencia a la insulina y las complicaciones metabólicas que se le asocian. En general, el ejercicio físico mejora el perfil lipídico, previene la aparición de diabetes y contribuye a prevenir otras muchas enfermedades, incluyendo la coronaria, algunos tipos de cáncer, la depresión e incluso la demencia.

Los indudables beneficios de la actividad física pueden estar relacionados con la reducción ponderal secundaria o bien ser totalmente independientes de la pérdida de peso alcanzada. En este sentido, el objetivo del trabajo que plantean los autores es estudiar, en población sana, el efecto del ejercicio físico aeróbico practicado de forma regular, y no acompañado de dietas hipocalóricas ni de cambios en el peso corporal, sobre diferentes parámetros metabólicos aterogénicos como la dislipemia y la insulinorresistencia.

Para ello diseñaron un estudio observacional y transversal que incluyó a 101 sujetos sanos, no obesos (índice de masa corporal inferior a 30) y que no hubieran presentado cambio ponderal en los 3 meses anteriores. El grupo que practicaba ejercicio de forma habitual (150-300 minutos por semana) presentaba mejores valores que el grupo sedentario en los triglicéridos y el colesterol HDL, la insulinemia basal y el índice HOMA de resistencia a la insulina. Asimismo, la presencia de síndrome metabólico fue más elevada en el grupo sedentario (45,8 frente a 20,7%). No hubo diferencias en los niveles de colesterol total y colesterol LDL ni en los valores de la glucemia.

Los autores concluyen que llevar una vida activa practicando ejercicio físico moderado de forma habitual, sin necesidad de intervención sobre la dieta ni el peso corporal, se relaciona con un aumento de la sensibilidad a la insulina, un mejor perfil lipídico y una disminución de los componentes del síndrome metabólico. Por tanto, podría asociarse a una menor incidencia de diabetes y de enfermedad cardiovascular.

Caro J, Navarro I, Romero P, Lorente RI, Priego M, Martínez-Hervás S, et al. Efecto metabólico del ejercicio físico regular en la población sana. Endocrinología y Nutrición. 2013; 60(4): 167-172.

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