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Tema 1. Lo que debes saber sobre la hipertensión arterial

C. Santos Altozano
Centro Sanitario Azuqueca de Henares (Guadalajara)

Objetivos de aprendizaje
◗ Conocer el concepto de riesgo cardiovascular e identificar los factores de riesgo para ser capaces de estratificar y clasificar a los pacientes en función de su riesgo.
◗ Conocer las guías más importantes sobre el tratamiento de la hipertensión arterial, los objetivos de presión en las distintas poblaciones y los distintos procedimientos de medida y automedida de la presión arterial.
◗ Saber interpretar los resultados de las pruebas complementarias dirigidas a diagnosticar y controlar la afectación de órganos diana, así como el diagnóstico de hipertensión secundaria.
◗ Saber enfocar una estrategia dirigida al tratamiento de la hipertensión arterial en situaciones especiales, y tener habilidad para reconocer y evitar la inercia terapéutica.

Introducción
Las enfermedades cardiovasculares, que incluyen la enfermedad cardiaca, la hipertensión arterial (HTA), la insuficiencia cardiaca y el ictus, son las que mayor impacto tienen sobre la morbilidad de la población en los países CURSO HIPERTENSIONARTERIAL TAB 1 desarrollados, y son responsables de hasta un tercio de la mortalidad global. Su prevención se consigue a través del control de los principales factores de riesgo. Las mayores evidencias disponibles, medidas según los criterios de Oxford (tabla 1), son respecto al beneficio que aporta el control de la hipertensión.

La hipertensión afecta a un amplio número de población, y es una de lasCURSO HIPERTENSIONARTERIAL TAB 2 más importantes causas prevenibles de morbilidad y mortalidad en todo el mundo.

Hay una estrecha relación entre los niveles de presión arterial y el riesgo de ictus isquémico o hemorrágico, infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca, enfermedad renal crónica, deterioro cognitivo y muerte prematura.

El riesgo comienza desde cifras tan bajas como 115/75 mmHg de presión arterial (PA), y por cada incremento de 20 mmHg de presión arterial sistólica (PAS) y/o 10 mmHg de presión arterial diastólica (PAD) se duplica el riesgo de episodios cardiovasculares o ictus.

El principal riesgo de sufrir estos episodios está estrechamente unido al incremento en la PAS, y aunque después de los 50 o 60 años la PAD comienza a descender, la PAS continúa incrementándose a lo largo de la vida, lo que se refleja en la progresiva rigidez de la pared arterial, constituyendo un factor de riesgo mayor de presentar episodios cardiovasculares, ictus y progresión de la enfermedad renal.

El tratamiento de la HTA se ha relacionado con una reducción del riesgo de ictus del 40%, aproximadamente, y con la reducción del riesgo de infarto de miocardio de un 15%. A pesar de estos datos, la HTA continúa estando inadecuadamente controlada.

La mayoría de los pacientes con hipertensión tienen otros factores de riesgo, que incluyen alteraciones de los lípidos, intolerancia a la glucosa o diabetes mellitus, historia familiar de episodios cardiovasculares tempranos, obesidad y tabaquismo (tabla 2).

Cada vez hay mayor evidencia que indica que el riesgo de ictus, enfermedad isquémica cardiaca y enfermedad renal crónica no se limita sólo a una parte de la población con cifras muy elevadas de PA, puesto que el 62% de la enfermedad cerebrovascular y el 49% de la enfermedad isquémica cardiaca se producen a partir de una PAS de 115 mmHg.

Por tanto, las decisiones sobre el manejo de los pacientes hipertensos deberían basarse no sólo en las cifras de PA, sino también en la presencia de otros factores de riesgo cardiovascular, lesión de órgano diana y enfermedad clínica establecida.

¿Cómo clasificamos los pacientes según las cifras de presión arterial? 

La PA tiene una distribución unimodal en la población, y no hay un punto de corte sobre el que «la hipertensión» definitivamente existe y por debajo del cual no existe. De hecho, el riesgo asociado al incremento de las cifras de PA es continuo; cada 2 mmHg de incremento en la PAS se asocia a un 7% de aumento del riesgo de mortalidad por enfermedad isquémica cardiaca y a un 10% en el incremento de mortalidad por ictus.

CURSO HIPERTENSIONARTERIAL TAB 3 En la práctica, los valores de corte se utilizan para facilitar la toma de decisiones en cuanto a estrategia diagnóstica y tratamiento, y están basados en resultados de ensayos clínicos que han mostrado el beneficio de disminuir las cifras por debajo de determinados niveles de presión.

 

CURSO HIPERTENSIONARTERIAL TAB 4 Las distintas sociedades científicas establecen sus propias clasificaciones. Así, las guías NICE (2011)2 británicas clasifican las cifras de HTA como se recoge en la tabla 3, y la Sociedad Internacional de Hipertensión y la Sociedad Americana de Hipertensión (ISH/ASH)3 según la tabla 4. En la prehipertensión no estaría indicado el tratamiento farmacológico, pero se deberían implementar modificaciones en los estilos de vida de los pacientes con la esperanza de prevenir o retrasar la progresión a CURSO HIPERTENSIONARTERIAL TAB 5hipertensión.

La ESH/ESC y la Sociedad Española de Hipertensión (SEH-LELHA)4 establecen la clasificación recogida en la tabla 5.
La categoría se define por el valor más alto de PA, ya sea PAS o PAD. La hipertensión sistólica aislada debe clasificarse en grados 1, 2 o 3 según los valores de PAS en los intervalos indicados.

¿Serían suficientes las cifras de presión arterial aislada en consulta para clasificar y tratar a nuestros pacientes?

Si un paciente presenta cifras elevadas en la consulta, se le debería ofrecer la posibilidad de realizar MAPA o AMPA. Ambos métodos se deben considerar complementarios y proporcionan diferente información sobre el estado y el riesgo del sujeto. Todas las sociedades científicas hoy en día recomiendan su utilización.

Estaría indicada su realización para confirmar el diagnóstico, identificar el tipo de hipertensión, detectar episodios de hipotensión y optimizar la predicción del riesgo cardiovascular (recomendación de grado IIa, nivel de evidencia B).

Cuando se realiza MAPA se deben tener en cuenta una serie de recomendaciones, según las guías europeas de la ESH/ESC1 y la SEH-LELHA4, como la realización de mediciones a intervalos de 15 minutos durante el día y cada 30 minutos en periodo nocturno. Las guías NICE2 recomiendan realizar, al menos, 2 medidas por hora durante el periodo de vigilia y se deben usar, al menos, 14 medidas para confirmar el diagnóstico de hipertensión.

La PA normalmente disminuye durante el periodo nocturno, y generalmente se acepta que un descenso nocturno superior al 10% de los valores diurnos define a los sujetos como dippers. Se han propuesto recientemente otras categorías para la disminución nocturna, como la ausencia de descenso o el aumento de la PA nocturna, disminución ligera y disminución extrema. La ausencia de disminución nocturna podría deberse a alteraciones del sueño, apnea obstructiva del sueño, obesidad, enfermedad renal crónica y otras afecciones.

La MAPA se correlaciona mejor que la cifra obtenida en la consulta con determinados marcadores de daño orgánico en pacientes hipertensos, como la hipertrofia ventricular izquierda (HVI), el aumento del grosor de las capas íntima-media carotídea y otros marcadores de daño orgánico. Es un factor predictivo más sensible del riesgo de complicaciones cardiovasculares, como las complicaciones coronarias mórbidas o mortales y el ictus.

La PA nocturna es un factor predictivo más potente que la diurna. La incidencia de complicaciones cardiovasculares es mayor en los pacientes con una disminución de la PA nocturna menor que en los pacientes con un mayor descenso. Los sujetos con descensos muy acusados (dippers extremos) tienen mayor riesgo de ictus.

Cuando se realiza un control AMPA para el diagnóstico, la PA se debería medir diariamente, preferiblemente durante 7 días consecutivos, por la mañana y por la noche, realizándose 2 mediciones cada vez; se estima la media de las determinaciones, excluyendo las del primer día de la monitorización.

El valor pronóstico de la PA en el domicilio se relaciona más estrechamente con el daño orgánico que la medida en consulta, especialmente para la HVI; la predicción de la morbimortalidad cardiovascular es significativamente mayor. Además, las cifras domiciliarias se correlacionan con el daño orgánico de forma similar a la MAPA.

La entidad «hipertensión clínica de bata blanca» se observa cuando se detectan de forma repetida cifras de hipertensión en la consulta, mientras que son normales fuera de ella, ya sea obtenidas de forma ambulatoria o en el domicilio. Por el contrario, puede ser normal en la consulta y anormalmente alta fuera del ambiente sanitario. Este tipo de hipertensión se denomina «enmascarada» o «ambulatoria aislada». Los términos «normotensión constante» o «verdadera» e «hipertensión persistente» se utilizan cuando ambos tipos de medición son normales o anormales, respectivamente.

Los valores de corte para AMPA y MAPA se reflejan en la tabla 6.

CURSO HIPERTENSIONARTERIAL TAB 6

 

 

 

 

 

 

¿Nos basamos exclusivamente en las cifras de presión arterial, o debe considerarse el riesgo cardiovascular global en los pacientes hipertensos?

La prevención de la enfermedad coronaria debería tener en cuenta la cuantificación del riesgo cardiovascular total. El modelo Score permite estimar el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular en 10 años según la edad, el sexo, el hábito tabáquico, el colesterol total y las cifras de PAS. Las tablas están calibradas para la población de países de alto riesgo y para países de bajo riesgo. Sin embargo, no se ha probado que la estimación del riesgo total se asocie a mejores resultados clínicos, comparada con otra estrategia.

La edad tiene un papel muy importante en la estimación del riesgo. Por tanto, los adultos jóvenes, especialmente las mujeres, tienen pocas probabilidades de alcanzar niveles de riesgo muy altos, aunque tengan más de un factor de riesgo importante. Por el contrario, los varones mayores de 70 años alcanzan un riesgo total elevado aunque tengan un incremento muy pequeño del riesgo. En poblaciones de sujetos jóvenes las decisiones sobre el tratamiento deberían estar guiadas por el riesgo relativo o por la estimación de la edad cardiaca y vascular.

El riesgo puede estar más elevado en sujetos jóvenes sedentarios y con obesidad central, en individuos socialmente desfavorecidos, en sujetos con tolerancia alterada a la glucosa, en personas con cifras elevadas de triglicéridos, fibrinógeno y proteína C reactiva, y en individuos con historia familiar de enfermedad cardiovascular prematura (antes de los 55 años en los varones y de 65 años en las mujeres). Se debería utilizar el modelo Score en sujetos asintomáticos con HTA pero sin enfermedad cardiovascular ni renal ni diabetes mellitus (recomendación de clase I, nivel de evidencia B).

Es importante identificar el daño orgánico asintomático, ya que estas alteraciones relacionadas con la hipertensión indican que la progresión de la enfermedad cardiovascular es un proceso continuo que incrementa claramente el riesgo, más allá del riesgo asociado únicamente a la presencia de factores individuales (tabla 7).

Hay evidencia de que el daño orgánico predice la muerte cardiovascular independientemente del Score; por tanto, se debería considerar la búsqueda de daño orgánico, especialmente en individuos con riesgo moderado (recomendación de clase IIa, nivel de evidencia B). De hecho, las decisiones sobre la estrategia de tratamiento se deberían basar en el riesgo cardiovascular total inicial (recomendación de clase I, nivel de evidencia B) (tabla 8).

CURSO HIPERTENSIONARTERIAL TAB 7

 

 

 

 

 

 

 

CURSO HIPERTENSIONARTERIAL TAB 8

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo buscamos las lesiones en órganos diana en los pacientes hipertensos?

Se recomienda obtener una historia familiar de hipertensión, realizar una historia clínica personal y una exploración física, así como pruebas de laboratorio, con el objetivo de detectar la presencia de factores de riesgo adicionales, buscar causas de hipertensión secundaria y, sobre todo, detectar la presencia de daño orgánico asintomático (recomendación de clase I, nivel de evidencia C). Se deben de buscar signos de afectación orgánica, puesto que hay gran evidencia sobre el papel que éstos desempeñan en la determinación del riesgo cardiovascular de sujetos con y sin PA elevada. El riesgo aumenta según el número de órganos afectados.

Electrocardiograma
Debe formar parte de la evaluación habitual de todos los pacientes hipertensos, sobre todo en los mayores de 55 años. Se realiza para detectar HVI, arritmias o enfermedad cardiaca (recomendación de clase I, nivel de evidencia B). La primera se detecta mediante: a) índice de Sokolow-Lyon (SV1 + RV5 >3,5 mV); b) índice modificado de Sokolow-Lyon (onda S más amplia asociada a una onda R más amplia >3,5 mV); c) RaVL >1,1 mV, y d) producto de la duración por el voltaje del QRS de Cornell (>244 mV* ms).

Ecocardiografía
Debe considerarse en pacientes hipertensos con riesgo cardiovascular total moderado, para evaluar el riesgo de hipertrofia que no se detectó con el electrocardiograma (ECG), y en pacientes hipertensos con síntomas cardiacos para diagnosticar la enfermedad subyacente (recomendación de clase IIa, nivel de evidencia B). Su uso es más restrictivo.

Ecografía carotídea
La determinación del grosor de la íntima-media carotídeo o la presencia de placas predicen la incidencia de ictus e infarto, independientemente de los factores de riesgo tradicionales. El cribado carotídeo puede tener un valor predictivo adicional en individuos asintomáticos con riesgo intermedio, especialmente en ancianos (recomendación de clase IIa, nivel de evidencia B).

La rigidez aórtica en los pacientes hipertensos, medida a través de la velocidad de la onda de pulso, tiene un valor predictivo independiente de las complicaciones cardiovasculares mortales y no mortales, y muchos pacientes con riesgo intermedio podrían ser reclasificados en una categoría de riesgo más alto o más bajo si se determinara la rigidez arterial.

Índice tobillo-brazo
Para detectar una enfermedad arterial periférica (recomendación de clase IIa, nivel de evidencia B). Un índice <0,9 es indicativo de enfermedad arterial periférica y se asocia a una tasa de mortalidad a 10 años y complicaciones coronarias graves 2 veces mayor que las tasas generales de cada una de las categorías de Framingham.

Riñón
En todos los pacientes hipertensos se recomienda la determinación de la concentración sérica de creatinina, la estimación del filtrado glomerular y la determinación de proteínas y microalbuminuria en orina (todos con recomendación de clase I, nivel de evidencia B).

El daño renal se basa en el hallazgo de una función renal afectada o en la detección de concentraciones urinarias de albúmina elevadas. La enfermedad renal crónica se clasifica según la tasa de filtrado glomerular calculada por la fórmula CKD-EPI, y cuando es inferior a 60 mL/min se reconocen 3 estadios: estadio 3 (valores entre 30 y 60 mL/min) y estadios 4 y 5 (con valores inferiores a 30 y 15 mL/min, respectivamente). La microalbuminuria predice el desarrollo de nefropatía diabética, tanto de la diabetes tipo 1 como de tipo 2, mientras que la proteinuria indica una enfermedad renal parenquimatosa establecida. Se ha establecido un umbral de 30 mg/g de creatinina para definir la microalbuminuria.

Existe una relación continua entre la mortalidad cardiovascular o no y el cociente albúmina urinaria/creatinina >3,9 mg/g en varones y >7,5 mg/g en mujeres.

 

¿Recomiendan todas las guías el inicio del tratamiento de la misma manera?
Guía NICE2
Se debería iniciar tratamiento con fármacos en los pacientes menores de 80 años en estadio 1 de HTA que tengan uno o más de los siguientes parámetros:

• Daño en un órgano diana.
• Enfermedad cardiovascular establecida.
• Enfermedad renal.
• Diabetes mellitus.
• Riesgo cardiovascular a 10 años equivalente a un 20% o mayor.

En pacientes en estadio 2 de HTA de cualquier edad se debe iniciar tratamiento farmacológico de entrada.

En pacientes menores de 40 años en estadio 1 de HTA y sin evidencia de daño orgánico, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal o diabetes, se debería buscar una causa secundaria de hipertensión y una valoración más detallada del daño orgánico, debido a que la valoración del riesgo a 10 años puede infraestimar el riesgo en estos pacientes.

JNC 8
El tratamiento farmacológico debería iniciarse en pacientes con cifras de PA >140/90 mmHg, en quienes las medidas de estilo de vida no han sido efectivas.

En el estadio 1 de HTA se podría esperar unos meses en los pacientes que no tengan factores de riesgo.

En el estadio 2 de HTA (>160/100 mmHg) se debe iniciar tratamiento farmacológico de inmediato con 2 fármacos en combinación, en los pacientes en que el médico crea necesario alcanzar un control rápido de las cifras tensionales, o bien en presencia de otros factores de riesgo.

En los pacientes mayores de 80 años de edad el umbral de PA para iniciar el tratamiento es a partir de cifras de 150/90 mmHg.

El objetivo de tratamiento debería ser <140/90 mmHg para la mayoría de los pacientes, y de <150/90 mmHg para los pacientes mayores, a menos que éstos padezcan una enfermedad renal crónica (ERC) o diabetes mellitus, cuyo objetivo serían cifras <140/90 mmHg.

ESH/ESC1
No se recomienda la instauración de tratamiento antihipertensivo en pacientes con una PA normal-alta.

Tampoco se recomienda la instauración de tratamiento antihipertensivo en los individuos jóvenes con una elevación sistólica aislada de la PA, aunque requieren una estrecha vigilancia.

En los pacientes con HTA de grado 1 con un riesgo bajo-moderado, se debe instaurar tratamiento farmacológico cuando la PA se mantenga en esa franja o la PA ambulatoria esté elevada tras un periodo de cambios en los estilos de vida (recomendación de clase IIa, nivel de evidencia B).

En los pacientes con HTA de grado 1, si presentan un riesgo cardiovascular alto debido a un daño orgánico, una enfermedad cardiovascular o una ERC, se recomienda la reducción de la PA con tratamiento farmacológico.
En individuos con HTA de grados 2 y 3 con cualquier nivel de riesgo cardiovascular, se recomienda la pronta instauración de tratamiento farmacológico.

En los ancianos hipertensos se recomienda realizar tratamiento farmacológico cuando las cifras PA sean superiores a 160 mmHg. En los ancianos menores de 80 años se puede considerar el tratamiento farmacológico antihipertensivo si la PA es de 140-159 mmHg, siempre que el tratamiento sea bien tolerado.

El objetivo de tratamiento recomendado sería una PAS <140 mmHg en pacientes con riesgo cardiovascular bajo-moderado, pacientes con diabetes mellitus, pacientes con ictus o accidente isquémico transitorio previos, pacientes con enfermedad coronaria y pacientes con ERC, diabética o no diabética (recomendación de clase I-IIa, nivel de evidencia A-B).

En ancianos hipertensos menores de 80 años con una PAS >160 mmHg se recomienda una reducción de estos valores a 150-140 mmHg, aunque si se encuentran en buena forma física se podrían intentar reducir a <140 mmHg. En los mayores de 80 años y con cifras >160 mmHg se recomienda reducir éstas a 150-140 mmHg. El objetivo de una PAD <90 mmHg siempre está recomendado.

 

¿Existe un tratamiento específico con el que iniciar el tratamiento farmacológico?

El mayor beneficio del tratamiento es la reducción de la PA per se, y dichos beneficios son en gran medida independientes del fármaco que se utilice. Los diuréticos, los bloqueadores beta, los antagonistas de los canales del calcio y los inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina (IECA) son los fármacos adecuados para instaurar y mantener el tratamiento antihipertensivo (figura 1), en monoterapia o combinados. Los resultados en cada paciente individual son impredecibles, y todos tienen sus ventajas, pero también sus inconvenientes (recomendación de grado I, nivel de evidencia A).

CURSO HIPERTENSIONARTERIAL FIG 2

La guía NICE2 establece el tratamiento farmacológico utilizando diferentes niveles (figura 2):

Nivel 1
• Pacientes menores de 55 años: utilizar IECA o antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA II), en caso de intolerancia.
• Mayores de 55 años o en pacientes de raza negra: utilizar antagonistas del calcio. En caso de intolerancia, utilizar diuréticos tipo tiazidas. En caso de haber utilizado un diurético o que haya sido cambiado, administrar clortalidona (12,5-25 mg/24 h) o indapamida (1,5 mg de liberación retardada o 2,5 mg/24 h)
• Los bloqueadores beta no son de elección, a no ser que los IECA o ARA II estén contraindicados en jóvenes.

Nivel 2
• Antagonistas del calcio en combinación con IECA o ARA II.
• Si éstos no son adecuados, existe intolerancia o hay insuficiencia cardiaca, tratar con diuréticos tiazídicos.
• En los sujetos de raza negra, elegir ARA II en combinación con antagonistas del calcio.
• Si se empleó un bloqueador beta, añadir antagonistas del calcio mejor que diuréticos para reducir el riesgo de desarrollo de diabetes mellitus.
• Antes de considerar el nivel 3, revisar el tratamiento y la dosis.

Nivel 3
• IECA o ARA II en combinación con antagonistas del calcio y diurético tiazídico.
• Si las cifras de PA se mantienen >140/90 mmHg, calificar como HTA resistente y considerar el nivel 4 de tratamiento o derivar al paciente a un centro especializado.

Nivel 4
• Añadir espironolactona en dosis bajas (25 mg/24 h) si el potasio sérico es <4,5 mmol/L, con precaución en los pacientes con un filtrado glomerular reducido por riesgo de hipercaliemia.
• Si el paciente no tolera el diurético, considerar la administración de un bloqueador alfa o beta.
• Si sigue sin controlarse, considerar su derivación a un centro especializado.

CURSO HIPERTENSIONARTERIAL FIG 1

La guía europea de la ESH/ESC1 establece una serie de estrategias en cuanto a la elección de fármacos basándose en los estudios que han demostrado una mayor eficacia en situaciones específicas de daño orgánico. Así, cualquier grupo farmacológico estaría recomendado para instaurar el tratamiento. Estaría recomendada la utilización de fármacos en combinación fija en pacientes con PA basal muy alta o riesgo cardiovascular elevado. Además, esta opción mejoraría la adhesión al tratamiento, que es baja en los pacientes hipertensos. No se recomienda y debe evitarse la combinación de 2 antagonistas del eje renina-angiotensina.

En los pacientes diabéticos se debe instaurar tratamiento con una PAS >160 mmHg, aunque se recomienda iniciarlo con cifras >140 mmHg con el objetivo de reducirlas a <140 mmHg. Cualquier clase de fármaco estaría recomendada, aunque se prefieren los IECA o ARA II, especialmente en presencia de proteinuria o microalbuminuria (recomendación de clase I, nivel de evidencia A).

En los pacientes con síndrome metabólico no se recomienda el uso de fármacos en caso de PA normal-alta, sino intentar perder peso y realizar ejercicio. En los pacientes con valores >140/90 mmHg se recomienda establecer una vigilancia especial e indicar tratamiento sólo después de un periodo aceptable de cambios en los estilos de vida. Se pueden utilizar fármacos que mejoren la sensibilidad insulínica y considerar la administración de bloqueadores beta y diuréticos sólo como fármacos adicionales (recomendación de clase I, nivel de evidencia B).

En los pacientes con nefropatía se debe considerar la reducción de la PAS a <140 mmHg, aunque en caso de proteinuria se podrían considerar valores <130 mmHg, siempre que se monitorice el filtrado glomerular. Los bloqueadores del sistema renina-angiotensina son eficaces en presencia de microalbuminuria o proteinuria manifiesta. La combinación de 2 de estos fármacos no se recomienda, ni tampoco la utilización de antagonistas de la aldosterona junto con IECA o ARA II por el riesgo de reducción de la función renal e hiperpotasemia.

En los pacientes con una enfermedad cerebrovascular se recomienda el tratamiento antihipertensivo cuando la PAS inicial sea de 140-159 mmHg, con el objetivo de reducirla a <140 mmHg en pacientes con historia de ictus o ataque isquémico transitorio, aunque en los pacientes ancianos el inicio del tratamiento y los objetivos pueden ser mayores. Cualquier régimen terapéutico está indicado siempre que la PA se reduzca adecuadamente (recomendación de clase I, nivel de evidencia A).

En los pacientes con una enfermedad cardiaca que han tenido un infarto reciente se recomienda el uso de bloqueadores beta. En los síntomas de angina se recomiendan los bloqueadores beta y los antagonistas del calcio. Los diuréticos, los bloqueadores beta y los antialdosterónicos están recomendados en pacientes con una insuficiencia cardiaca o una disfunción del ventrículo izquierdo (recomendación de clase I, nivel de evidencia A). Cabe considerar el empleo de IECA o ARA II en pacientes con riesgo de fibrilación auricular de nueva aparición o recurrente (recomendación de clase IIa, nivel de evidencia C). En pacientes con hipertrofia ventricular se pueden utilizar IECA, ARA II o antagonistas del calcio.

En los pacientes con arteriosclerosis y enfermedad arterial periférica se debe considerar la utilización de antagonistas del calcio e IECA, porque han demostrado retrasar la progresión de la enfermedad. Se recomienda alcanzar un objetivo de PA <140/90 mmHg (recomendación de clase I, nivel de evidencia A) (figura 2).

 

¿El bajo control de las cifras de presión arterial se debe exclusivamente al fracaso terapéutico farmacológico?

Se han descrito 3 causas principales para la baja tasa de control de la PA: a) inercia médica; b) falta de adhesión al tratamiento por parte del paciente, y c) deficiencias de los sistemas de salud en el enfoque de las enfermedades crónicas. La inercia médica se genera, sobre todo, por las dudas del médico ante el riesgo que representan las cifras elevadas de PA, el temor a causar daño en los órganos vitales por esta reducción y la preocupación sobre los efectos secundarios. La baja adhesión por parte de los pacientes puede deberse a que interrumpen el tratamiento o a que lo siguen de manera incorrecta. Se deberían implementar programas de formación para médicos con el fin de disminuir la inercia, así como intervenciones que impliquen al paciente, los sistemas de salud y las oficinas de farmacia para conseguir un mayor cumplimiento terapéutico de los pacientes. 

 

Bibliografía
1. Guía de práctica clínica de la ESH/ESC para el manejo de la hipertensión arterial (2013). TheTask Force for the management of arterial hypertension of the European Society of Hypertension (ESH) and of the European Society of Cardiology (ESC). Disponible en: http://www.esh2013.org/wordpress/wp-content/uploads/2013/06/ESC-ESH-Guidelines-2013.pdf
2. NICE Clinical Guideline 127. Developed by the Newcastle Guideline Development and Research Unit and updated by the National Clinical Guideline Centre (formerly the National Collaborating Centre for Chronic Conditions) and the British Hypertension Society. Disponible en: http://www.nice.org.uk/guidance/cg127
3. Guía de la Sociedad Internacional de Hipertensión y de la Sociedad Americana de Hipertensión (ISH/ASH). Disponible en: http://www.ash-us.org/About-Hypertension/Hypertension-Guidelines.aspx
4. Guía de la Sociedad Española de Hipertensión (SEH-LELHA). Disponible en http://www.seh-lelha.org/pdf/Guía2013.pdf

 

 

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