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Entrevista con Verónica Casado. Experta en Formación en Medicina de Familia

Trabaja en: Centro de Salud Universitario Parquesol (Valladolid).
Hace 25 años... Era gerente de Atención Primaria en Valladolid Este, a punto de ir al Ministerio de Sanidad como subdirectora general de Planificación Sanitaria.
Lo mejor y lo peor de la AP: Lo mejor los niveles de salud que se han conseguido, y lo peor la financiación que se le dedica.
Un deseo (sanitario) por nuestro cumpleaños: Que se apueste de verdad por la Atención Primaria y se prestigie la medicina, la enfermería, y todos los profesionales que trabajan en Atención Primaria.

 

–¿Cuándo se inició su carrera profesional en los temas de formación?

–La formación ha sido un núcleo fundamental dentro de mi carrera profesional. En el centro de salud en el que llevo tantos años trabajando comencé siendo tutora de residentes, desde hace tiempo soy la vicepresidenta del Consejo Nacional de Especialidades en Ciencias de la Salud, y desde el 89 estoy en la Facultad de Medicina como profesora asociada. Por lo tanto, mi carrera profesional está vinculada con la asistencia, con la gestión, pero siempre con la docencia.

–¿Qué recuerda de los primeros tiempos de desarrollo y despliegue de la Atención Primaria?
–Eran tiempos heroicos. Formo parte de la 5ª promoción de médicos de familia de este país, y elegí la especialidad sin saber muy bien si íbamos a tener sitio donde trabajar porque era una época en la que los centros de salud aún no existían. De hecho, las primeras promociones se encerraron en el Ministerio para reivindicar que nuestro perfil era un perfil comunitario, para trabajar en la calle y dar potencia a la medicina general que había en ese momento, pero que era ineludible desarrollarlo. Vimos nacer la Atención Primaria. Fue una época difícil, dura, pero muy bonita.

–¿Cómo ha evolucionado la formación de los médicos de familia en estos años?
–De manera espectacular. El actual programa formativo, el último que está vigente, del año 2005, es el tercer programa oficial de la especialidad en medicina familiar y comunitaria. Pasamos a cuatro años de formación y es un programa que ha sido pionero y además ha sido copiado por varios países del mundo, porque es un programa enfocado en competencias, y en el desarrollo claro del cuerpo doctrinal y del médico de familia. Yo he trabajado mucho en la elaboración del actual programa de formación, lo considero como «mi niño» y el de mucha gente, porque trabajaron más de 200 personas para definir claramente y por competencias qué tenía que saber un médico de familia de atención al individuo, de atención a la familia, de atención comunitaria, de docencia y de investigación. Y además incorporamos algo muy importante, que eran los valores profesionales, es decir, un médico de familia tiene que ser un gran técnico, tiene que resolver muchos problemas, pero tiene que tener claro que tiene un compromiso con las personas, con la sociedad y con la ética. Es decir, que el profesionalismo y el humanismo son claves fundamentales que cierran todo el abanico formativo.

Nos parecía clave además incorporar competencias esenciales como la comunicación. Tienes que ser un buen comunicador cuando eres médico, porque tienes que comunicarte con tus pacientes, saber dar malas noticias, tienes que acompañar. No solamente es curar, es ayudar a las personas, ser cálido, tener empatía... Toda estas cosas son competencias esenciales, y es algo que nos tienen que enseñar, que no tenemos que darlo por hecho. Tiene que formar parte de nuestra esencia.

–¿Qué voluntades se han ido quedando por el camino?
–En formación se han ido consiguiendo bastantes cosas, pero para hacer un buen análisis yo creo que lo tenemos que desglosar en los tres momentos formativos, que es el grado en las facultades de medicina, la formación especializada y luego el desarrollo profesional continuo. Quizá de los tres el que menos se ha desarrollado ha sido el desarrollo profesional continuo porque no ha habido apoyo. En formación especializada yo creo que se han hecho bastante bien las cosas, lo que pasa es que tiene que haber un continuo en las tres etapas formativas. Y en la formación de grado, desde el plan Bolonia ha habido cambios significativos para la medicina de familia. Ahora mismo, en la mayor parte de facultades de medicina, la medicina de familia va a ser una asignatura obligatoria si no lo es ya, con un practicum en el que los estudiantes pasan consulta, y ven lo que se resuelve en atención primaria, que es más del 92% de las problemáticas que atienden.

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