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Alergia: tan frecuente como olvidada

Rinitis, conjuntivitis, asma, eczema, urticaria, angioedema, anafilaxia, alergia a alimentos, fármacos, pólenes, veneno de insectos... La alergia adquiere muchas formas y su prevalencia no hace más que aumentar en todo el mundo, hasta el punto de que en el año 2050 podría afectar a la mitad de la población.

Según datos de la OMS, en el mundo hay actualmente 400 millones de personas con rinitis alérgica y unos 300 millones con asma, enfermedad que causa 250.000 muertes cada año. Lo más grave es que estas cifras se han multiplicado a lo largo de las últimas décadas y seguirán creciendo de forma imparable. La Organización Mundial de Alergia (WAO) estima que en el 2025 los asmáticos serán 400 millones.

Durante la Semana Mundial de la Alergia, celebrada el pasado mes de abril, se informó de que la rinitis alérgica, que es la manifestación alérgica más común, afecta al 21% de la población española y constituye la principal causa de consulta al especialista (55%). Además, tal como explicó Julio Delgado, presidente del Comité de Asma de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), «la rinitis aparece asociada al asma en el 80% de los casos y condiciona su control, lo que implica la necesidad de un abordaje integral de la enfermedad respiratoria alérgica».

Antonio Luis Valero, especialista adjunto del Servicio de Neumología y Alergia del Hospital Clínic de Barcelona, comenta que entre el 20 y el 30% de la población sufre una enfermedad alérgica en algún momento de su vida. «Las alergias respiratorias representan el 15-20% –especifica–, las alimentarias el 6-8%, la alergia a veneno de himenópteros el 3-5% y la alergia a fármacos el 1%. Se trata de una prevalencia muy alta, de modo que la patología alérgica representa uno de los conjuntos de enfermedades crónicas más prevalentes, puesto que quien desarrolla una alergia la tiene para toda la vida.»

Por otro lado, su impacto económico es muy importante. Las alergias respiratorias, tanto la rinitis como el asma y la conjuntivitis, generan unos gastos sociales y económicos muy elevados, mucho más que la mayor parte de las enfermedades crónicas. «Aunque no hay datos al respecto, se puede plantear que representan un gasto estimar a los 10.000 o 15.000 millones de euros anuales», comenta Valero.

Centrándonos en la rinitis alérgica, que afecta a entre el 10 y el 40% de la población mundial, el estudio FERIN sobre farmacoeconomía de la rinitis, realizado por la SEAIC, concluye que su impacto socioeconómico global es superior al de otras enfermedades más graves como la EPOC o el asma. Este estudio, presentado durante la pasada Semana Mundial de la Alergia y en el que han participado 70 servicios de alergología y medio millar de pacientes, calcula que el coste medio total de la rinitis alérgica es de 1.708 euros por paciente al año. Los costes directos, derivados del gasto farmacéutico y de la utilización de los recursos sanitarios, suman un promedio de 584 euros por paciente al año, mientras que los costes indirectos (absentismo y reducción de la productividad laboral) se estiman en 1.125 euros.

Un problema creciente
La prevalencia de las enfermedades alérgicas se ha duplicado en los últimos años, pero uno de los principales problemas es que no se conocen a ciencia cierta las causas reales de este incremento. «Se barajan hipótesis que pueden ayudar a explicar lo que está sucediendo, pero no están demostradas –dice Valero–. Sabemos que en los países industrializados hay mucha más prevalencia que en los no industrializados, lo que indica que hay algo en los países más avanzados que genera más alergia. Por un lado tenemos más contaminación ambiental; por otro, tenemos una mejor sanidad, de modo que nuestra protección frente a las infecciones y los microorganismos es mayor, lo cual puede condicionar la maduración de nuestro sistema inmunitario. Estos dos aspectos nos diferencian de los países menos desarrollados.»

En este contexto entraría la llamada «teoría o hipótesis de la higiene». Tal como señala este especialista, dicha hipótesis viene a decir que «contraemos menos infecciones, todo es más aséptico, disponemos de muchas vacunas y antibióticos, los alimentos pasan por procesos de conservación que impiden su contaminación, y todo ello provoca que la exposición que teníamos hace 50 años a los microorganismos sea ahora muy escasa. Parece una explicación racional, pero no está demostrada y, por lo tanto, no deja de ser una hipótesis».

En cuanto a los principales alergenos en nuestro entorno, Antonio Luis Valero, que actualmente forma parte de la Junta Directiva de la SEAIC como tesorero, concreta que, si nos referimos a las alergias respiratorias, los más frecuentes son los pólenes y los ácaros del polvo. «Siempre ha sido así –sostiene–. Últimamente hemos detectado nuevos pólenes de plantas que producen alergia (platanero, ciprés, mercurialis, etc.), pero los porcentajes de responsabilidad de la causa de la alergia no han cambiado. En cuanto a los ácaros, hemos visto que ahora somos alérgicos a nuevas especies de ácaros que antes no producían alergia. Esto varía en función de las zonas geográficas. Por otro lado, se ha producido un incremento de las alergias a los epitelios de animales, un fenómeno que es paralelo al aumento del número de animales domésticos, no solamente perros y gatos, sino también hámsteres, pájaros e incluso reptiles.»

Alimentos, fármacos e insectos
No obstante, no son esas manifestaciones alérgicas y esos alergenos los que más preocupan a los especialistas, sino las alergias a medicamentos y a alimentos, debido a que pueden generar riesgo vital. «Son menos prevalentes que las alergias respiratorias, pero pueden causar muertes. También la alergia a himenópteros, aunque es mucho menos frecuente», indica Valero.

En Barcelona se presentó a principios de mayo un estudio sobre la evolución de las alergias en Cataluña, basado en los datos de más de 60.000 pacientes atendidos durante los últimos 25 años en Al·lergo Centre, centro médico de Barcelona especializado en estas enfermedades. Alfons Malet, que preside la Fundación Privada Alergo, explicó que 2,5 millones de personas en esta comunidad autónoma son alérgicas y que la cifra llegará en 2050 a los 3,8 millones.

Este estudio también pone de manifiesto que la prevalencia de las alergias alimentarias se ha duplicado entre la población catalana, una tendencia que se observa en Europa, donde uno de cada 20 niños tiene una o más alergias a alimentos y el número de hospitalizaciones por reacciones alérgicas graves se ha multiplicado por siete.

En la población adulta, los frutos secos, las frutas y el marisco son los principales alergenos, mientras que en los niños pequeños lo son la leche de vaca, los huevos y el pescado, aunque se está viendo que la alergia a los frutos secos se manifiesta cada vez a edades más tempranas y con una clínica más grave.

Respecto a la alergia a los medicamentos, los antibióticos y los antiinflamatorios no esteroideos son los más problemáticos. Según el estudio presentado por Alfons Malet, este tipo de alergia es más común a partir de los 50 años de edad y se agudiza especialmente a partir de los 70 años.

Y en cuanto al veneno de himenópteros, Pablo Amat, alergólogo del citado centro barcelonés, señala que el 3% de la población española es alérgica al veneno de abejas y avispas. «La mayoría de las reacciones suelen ser locales, pero hay personas que sufren reacciones sistémicas que pueden provocar anafilixia y comprometer la vida», explica. No obstante, se trata de alergias que responden muy bien a la inmunoterapia, tratamiento que consigue resolver el problema en el 90% de los casos. Por lo tanto, a juicio de este especialista es muy importante que los pacientes que han presentado reacciones locales graves y, sobre todo, reacciones generalizadas acudan al alergólogo para hacer un diagnóstico, conocer el insecto responsable y valorar la necesidad de tratamiento.

Tratamientos
Una vez establecido el diagnóstico, la primera fase del abordaje de la alergia consiste en formar e informar al paciente sobre el alergeno que la desencadena y cuándo ese alergeno se encuentra en el ambiente, explica Antonio Luis Valero.«En segundo lugar –continúa–, se le informa de unas normas ambientales para disminuir la exposición, pero como no se puede disminuir totalmente en muchos casos, se inicia tratamiento sintomático. Por último, valoramos si está indicada la inmunoterapia para aquellos casos moderados o graves.»

Según los especialistas, la inmunoterapia es el único tratamiento para la patología alérgica que modifica su historia natural. «Consiste en administrar el alergeno en pequeñas dosis, que se van aumentando progresivamente hasta conseguir la dosis óptima –explica Valero–. La duración de esta terapia es de 3 a 5 años, y de este modo conseguimos que el sistema inmunitario genere una tolerancia. A pesar de que el paciente no se convierte en una persona no alérgica, ya que se es alérgico para toda la vida, disminuye su nivel de respuesta ante una exposición al alergeno; es decir, cada vez será necesaria mayor cantidad de alergeno para que el paciente tenga síntomas. Cuando se consigue una tolerancia alta, nos encontramos con que el paciente ya no experimenta una respuesta clínica y los síntomas típicos (estornudos, picor de ojos, mucosidad nasal, pitos, sensación de ahogo, etc.) ya no se manifiestan.»

Alfons Malet, por su parte, destaca que hoy en día los extractos terapéuticos son mucho más efectivos «ya que, además de estar más purificados, conocemos de antemano su composición alergénica, y los estudios in vitro utilizando la biología molecular nos garantizan previamente el éxito de la inmunoterapia que se va a instaurar».

Sin embargo, recientemente ha ido creciendo el arsenal terapéutico para combatir esta patología, como los fármacos biológicos, que se emplean para tratar un amplio abanico de enfermedades. «Son fármacos de diseño dirigidos hacia algún mecanismo de respuesta inmunitaria. En el ámbito de la alergología –comenta Valero–, tenemos la anti-IgE, que es un anticuerpo monoclonal dirigido a bloquear los alergenos. Cuando esto sucede, la IgE de respuesta humana no se fija al alergeno y no produce la liberación de mediadores de la inflamación. De este modo evitamos todo el mecanismo inflamatorio y disminuimos o evitamos la aparición de síntomas.» «Los anticuerpos monoclonales tienen un largo recorrido –prosigue–. Cada vez dispondremos de más medicamentos de este tipo y cada vez solucionarán más enfermedades, ya que no combaten la consecuencia final, que son los síntomas, sino los procesos por los cuales se llega a la enfermedad.»

Por otro lado, para tratar la alergia a determinados alimentos, los especialistas emplean la desensibilización. Cuando se diagnostica una alergia alimentaria lo primero que debe hacer el paciente es evitar el contacto con el alimento en cuestión. «Pero a veces no es sencillo –advierte Antonio Luis Valero–, porque hay alimentos que están ocultos, como los frutos secos, que pueden estar enmascarados en distintas comidas. Entre los niños causan alergia los huevos y la leche. Hay personas que a lo largo de la vida pierden la respuesta alérgica a estos alimentos básicos, pero en aquellos casos en que no ocurre podemos utilizar la estrategia terapéutica de desensibilizar al paciente. Consiste en administrar pequeñas dosis de esos alimentos, que se incrementarán progresivamente para modificar la respuesta inmunitaria. Con esta estrategia tenemos éxito en muchos casos. No obstante, debemos tener en cuenta que la persona a la que desensibilizamos a la leche o al huevo debe seguir ingiriendo estos alimentos de forma frecuente para no perder la desensibilización y tener que iniciar el proceso desde el principio. Es decir, conseguimos que toleren estos alimentos, pero esa tolerancia se debe mantener consumiéndolos con cierta frecuencia, casi a diario.»

El futuro de la patología alérgica
Por un lado, el futuro a corto y medio plazo no parece muy halagüeño. La prevalencia de las enfermedades alérgicas no hace más que crecer, y son para toda la vida. No se curan por completo, pero en buena parte de los casos se pueden controlar y el camino hacia la obtención de nuevos medicamentos eficaces y seguros está abierto. Pero ello exige que los pacientes puedan acceder a una buena atención alergológica, algo que no ocurre en todas las zonas de España, tal como denuncia Antonio Luis Valero en la entrevista que acompaña a este reportaje.

La OMS recomienda que los países dispongan de un alergólogo por cada 50.000 habitantes, pero hay que destacar que esa cifra recomendada no ha variado desde hace más de dos décadas, mientras que la cifra de personas alérgicas se ha multiplicado desde entonces.

A pesar de que algunas autonomías tienen un número de alergólogos relativamente aceptable en su sanidad pública, la SEAIC lleva años denunciando que hay otras muy deficitarias en especialistas, entre ellas Cataluña, Baleares, Andalucía, Canarias o Asturias, de modo que el acceso a la atención necesaria es muy desigual en nuestra geografía.

Sobre los desafíos futuros en el ámbito de la patología alérgica, Antonio Luis Valero opina que existe un reto de investigación y otro de adecuación social a la necesidad de los ciudadanos: «Por una parte, es necesario emprender investigaciones para averiguar por qué nos hacemos alérgicos y para intentar prevenir el desarrollo de estas enfermedades. También debemos ser capaces de hacer diagnósticos precoces, ya que así disminuirán los costes personales, sociales, económicos y de calidad de vida que generan estas enfermedades, y es necesario disponer de tratamientos que nos permitan manejar esta patología». «Por otra parte –añade–, es preciso adecuar la planificación sanitaria para poder responder a las necesidades de los ciudadanos en relación con estas enfermedades. Cuando el 40 o el 50% de la población presente enfermedades alérgicas tendremos que haber planificado con tiempo, y espero que así sea, o tendremos un problema de salud de una magnitud cada vez más importante en los países desarrollados, un problema de salud que, a su vez, genera unos costes enormes pero que podrían reducirse drásticamente con una planificación adecuada.» 

 

 

La alergología pública, en horas bajas

Hace pocos días la Sociedad Catalana de Alergia e Inmunología Clínica (SCAIC) manifestó su malestar por el incumplimiento de la implantación del Modelo de Atención Alergológico (integrado en el Plan de Salud de Cataluña 2011-2015), presentado en 2012 por el consejero de Salud, Boi Ruiz, y de las acciones referidas a la ordenación de los servicios de atención alergológica por parte del CatSalut. En un comunicado, la SCAIC decía lo siguiente:

1. A petición de la SCAIC y en coordinación con ella, el Departamento de Salud de la Generalitat elaboró en el año 2010 un Documento Marco de la Atención Alergológica en Cataluña cuyo objetivo era revisar y diseñar dicha atención para que la asistencia sanitaria de los pacientes con enfermedades alérgicas fuera integral, evitando el infradiagnóstico y la falta de tratamiento de las comorbilidades, disminuyendo las derivaciones entre especialistas y reduciendo el consumo de recursos sanitarios. Asimismo, dicho documento explicitaba que en 2013 se implantaría el modelo territorialmente y se crearía una Comisión de Seguimiento formada por el Departamento de Salud y la SCAIC.

2. Para ello, se elaboraron también unas guías y protocolos de abordaje de la patología alérgica, unos criterios de derivación desde atención primaria y un documento de cartera básica de servicios basado en los niveles de complejidad asistenciales.

3. En 2015 se constata el incumplimiento de la implantación del modelo y de las acciones referidas a la compra específica de servicios de atención alergológica por parte del CatSalut en la red pública.

4. En muchas zonas, los médicos de atención primaria tienen dificultades para poder derivar pacientes al alergólogo, ya que la figura del alergólogo no existe como tal o se imponen filtros previos de acceso a través de otros especialistas.

5. Además, se ha reducido en diferentes lugares la oferta de alergólogos en la red pública. En Girona, por ejemplo, se ha eliminado uno de los especialistas del Instituto Catalán de la Salud en el Hospital Universitari de Girona Doctor Josep Trueta y se ha contratado a una empresa privada a través del Hospital Santa Caterina de Salt para que ofrezca este servicio.

 

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  • Modificado por última vez en Martes, 02 Junio 2015 14:12
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