La Sociedad Española de Diabetes celebra su primer congreso virtual

La situación sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus, y las limitaciones para la celebración de congresos médicos, ha motivado que la Sociedad Española de Diabetes (SED) convierta su cita congresual anual de carácter presencial en un evento virtual, en el que prácticamente se ha mantenido todo el programa científico previsto inicialmente.

La cita conserva un amplio abanico temático que abarca desde los incipientes estudios experimentales hasta la presentación de guías de práctica clínica, y desde conferencias magistrales con ponentes de prestigio mundial a encuentros monográficos con el experto que ponen al alcance de los asistentes temas de mucho impacto asistencial, como la fragilidad o los programas de educación terapéutica.

Asimismo, la cita supone un relevo en la presidencia de la SED, que pasa a ser desempeñada por Antonio Pérez Pérez, director de Unidad del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y miembro del CIBER de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM).

Según destaca Juan Francisco Merino Torres, presidente del Comité Científico, “hemos previsto un programa en el que se hace un repaso por los temas de mayor interés generados en el último año, incluyendo un análisis de la actual pandemia por COVID-19”. Entre los temas más sobresalientes, este experto resalta las sesiones sobre el uso de telemedicina en la atención de la diabetes y la incorporación de nuevas tecnologías, así como la publicación de resultados prometedores con nuevos fármacos.

La conferencia de clausura, a cargo de Fernando Rodríguez Artalejo, abordará el tema de "Estilos de vida, factores cardiometabolicos y COVID-19". Y es que, como recuerda Merino, “sin duda, esta enfermedad se asocia con un peor pronóstico cuando afecta a personas con diabetes, y especialmente si se asocia obesidad. Esto nos obliga a ser más insistentes si cabe en estos aspectos educacionales dirigidos a la población general, y hemos de potenciar hábitos que faciliten el normopeso, el aumento de actividad física y la dieta saludable”.

La diabetes es una de las comorbilidades más frecuentes en personas con COVID-19. Aunque la prevalencia varía ampliamente según las series publicadas entre el 7 y el 30%, la presencia de diabetes no parece aumentar el riesgo de infección, pero sí empeora el pronóstico de la misma. “Una vez adquirida la COVID-19, la diabetes aumenta la gravedad y mortalidad de la enfermedad de forma que los pacientes con diabetes y/o hiperglucemia no controlada tienen más del doble de probabilidades de ser ingresados en unidades de cuidados intensivos y la mortalidad es hasta tres veces mayor en comparación con los pacientes sin diabetes y/o hiperglucemia no controlada”, indicaAntonio Pérez Pérez, presidente de la SED.

Incluso se cuenta ya con evidencias que sugieren como la COVID-19 podría desencadenar la aparición de diabetes en personas que no tenían esta enfermedad. Como explica el máximo responsable de la SED, “se ha descrito un posible daño directo al páncreas del virus que causa la COVID-19 (SARS-CoV-2), que podría empeorar la hiperglucemia, o incluso inducir la aparición de diabetes transitoria o definitiva”. En opinión de Antonio Pérez, “es posible que el coronavirus SARS pueda penetrar en los islotes pancreáticos y dañar las células beta, lo que produciría una deficiencia de la secreción de insulina. Esta disminución de la insulina secretada conduciría a un agravamiento de la diabetes en las personas con diabetes previa e inducir hiperglucemia aguda incluso en personas sin diabetes”. En cualquier caso, según matiza este experto, “el conocimiento actual sobre esta forma nueva de diabetes es muy escaso y debemos esperar los resultados de nuevos estudios que permitan definir los mecanismos y el curso en el tiempo de la hiperglucemia inducida por el coronavirus SARS”.

Impacto en la atención de la diabetes
Con todo, Alfonso Luis Calle Pascual, presidente del Comité Organizador del Congreso, “en esta incertidumbre ‘crónica’ que nos está envolviendo debemos plantearnos el futuro del Sistema Sanitario Publico en lo que respecta a la actividad no vinculada la COVID-19”. Y es que, como denuncia este experto, “estos tres últimos meses sin actividad asistencial programada para las patologías crónicas, en particular para las personas con diabetes, puede colapsar el sistema”; de hecho, asegura que “más del 60% de los profesionales de Endocrinología, y en determinados centros más del 80%, se han dedicado exclusivamente a la atención a los pacientes afectados por la COVID-19”.

Partiendo de este problema, Calle admite que “va a ser dificilísimo retomar la actividad clínica habitual para personas con diabetes dentro de esta nueva normalidad, con unos servicios diezmados de personal (tanto médicos como enfermeras)”. Así, por ejemplo, la aplicación de los nuevos dispositivos de monitorización continua de glucosa, aprobados por el BOE para su financiación pública, van a sufrir un retraso estructural su aplicación por falta recursos humanos, fundamentalmente enfermeras educadoras. Antes de la pandemia, y por la escasez de recursos, los pacientes que debían haber recibido su sensor continuo antes de diciembre de 2019 lo esperan obtener a finales de 2021, al menos en alguna Comunidad, como Madrid. Por eso, desde la SED se hace un llamamiento a las consejerías de Sanidad para que doten de recursos humanos imprescindibles a los servicios de Endocrinología y Nutrición, para poder abordar la atención a las personas con diabetes de forma adecuada y garantizar su calidad.

Pie diabético
Uno de los aspectos clave para optimizar la prevención y abordaje del pie diabético es la adecuada ponderación del papel que debe jugar la Atención Primaria. En concreto, como indica José Luis Lázaro, “el médico de Familia es esencial en el correcto manejo de la enfermedad de pie diabético”.

A juicio de José Antonio Rubio, en esta complicación los profesionales de Atención Primaria (tanto médicos como profesional de enfermería) desempeñan un doble papel crucial:

1) Identificar y estratificar el pie de riesgo para proporcionar qué pacientes se beneficiarían de cuidados preventivos, y también para adecuar control al nivel de riesgo del paciente (considerando su vulnerabilidad y alto riesgo cardiovascular)

2) Efectuar los cuidados iniciales del paciente con lesión o pie complicado, identificando qué casos (por su complejidad y/o gravedad) deben ser remitidos a unidades multidisciplinares y especializadas en la atención del pie diabético.

En base a este hecho, los expertos reunidos en este foro consideran que el médico de Familia debe incorporar a sus protocolos de manejo del paciente con diabetes las recomendaciones sobre la evaluación y estratificación del riesgo de padecer una úlcera de pie diabético. Además, como detalla Lázaro, “este profesional sanitario debe coordinar de forma ágil la derivación del paciente a centros especializaos en el caso de complicaciones como la infección y/o la isquemia, debe seleccionar de forma adecuada la terapia antibiótica más adecuada y limitar su prescripción a eventos de infección diagnosticada, tiene que valorar y prescribir pruebas diagnósticas que determinen la gravedad del proceso o que descarte ciertas complicaciones”.

Los expertos también coincidieron en señalar que, sin un buen abordaje desde Primaria de este problema, subsistirán fallos de prevención, diagnóstico y derivación. “El sistema sanitario debe adaptase para la atención del paciente con pie diabético en un contexto de paciente crónico, donde se garantice un adecuado seguimiento del paciente y exista una correcta continuidad de cuidados éste abandone el hospital”, aconseja José Luis Lázaro, director clínico y jefe de la Unidad de Pie Diabético de la Clínica Universitaria de Podología de la Universidad Complutense de Madrid. En su opinión, “el mayor desafío es el diseño de una red de atención bien conectado entre los distintos niveles asistenciales, lo que requiere recursos, formación y planificación”.

Para este experto de la UCM, son básicamente 4 los problemas urgentes que deben resolverse en España en lo que respecta a la atención del paciente con pie diabético:

1) Falta de la figura del podólogo en el sistema público de salud

2) Existe un limitado número de expertos en esta enfermedad

3) Escasa implementación de las recomendaciones de los consensos internacionales, lo que da lugar a heterogeneidad en el manejo del paciente

4) y ausencia de programas de prevención de detección del riesgo homogéneos en Atención Primaria.

Educación diabetológica
Una educación terapéutica estructurada, planificada, flexible y personalizada es clave para un mejor control metabólico de calidad de vida de las personas con diabetes. Sin embargo, aun subsisten importantes carencias en nuestro país en la implementación de este tipo de recursos. La Sociedad Española de Diabetes (SED), y su grupo de trabajo de Educación Terapéutica (GTET), ha editado una guía de programas educativos estructurados dirigidos a diferentes subgrupos de personas con diabetes y familiares, en los que se recogen los estándares de calidad del National Institute for Health and Care Excellence (NICE).

El objetivo es impulsar la puesta en marcha y evaluación de los programas estructurados de educación terapéutica dirigidos a las personas con diabetes, familiares y cuidadores como una estrategia de mejora continua de la calidad. Margarida Jansà, enfermera profesora del Máster Bases para la Atención y Educación de las personas con Diabetes (UB), llamó la atención sobre las lagunas que subsisten aún en España en este ámbito y sobre “la eficacia y rentabilidad demostrada de los programas de educación terapéutica para promover y facilitar la autogestión del tratamiento, mejorar los conocimientos, las habilidades y la motivación de los pacientes, favoreciendo mejores resultados de control, conductuales y psicosociales”.

Según el estudio DAWN2, en España menos de un 50% de los pacientes (sobre todo con diabetes tipo 2), y menos de un 25% de familias y cuidadores, habían accedido a una educación estructurada. Probablemente, como aclara Jansà, “en estos últimos años estos porcentajes hayan mejorado, aunque la evaluación con instrumentos validados previos y posteriores a la realización de un programa educativo estructurado sigue siendo una asignatura pendiente en la gran mayoría de centros”. Generalmente, como continúa explicando la experta del GTET, “se evalúan resultados clínicos, pero no se analiza forma estandarizada cómo influye el programa sobre el grado de adherencia a las conductas de autogestión del tratamiento, las competencias educativas adquiridas y la calidad de vida percibida”.

Por lo tanto, se advierte un importante margen de mejora en este ámbito que debe fundamentarse en fomentar la accesibilidad y en la optimización de la planificación. “Educar sin planificar es como construir una casa sin plano o escribir una novela sin borrador”, asegura Jansà, para quien “no cabe duda que planificar mejora la calidad educativa, porque ayuda a orientar al profesional educador/a y a trabajar en equipo de manera coordinada, aprovechando al máximo los recursos y el tiempo”.

Teniendo como base esta planificación, a juicio de Margarida Jansà, el progreso en la educación en diabetes debe sustentarse en tres pilares: 1) la formación de los profesionales; 2) la oferta de plazas perfiladas de enfermería de práctica avanzada, dietistas…para las Unidades Especializadas y para los referentes de Atención Primaria; 3) y la coordinación entre los Servicios de Endocrinología y la Atención Primaria para la implementación de los programas estructurados que aseguren la continuidad asistencial.

Las guías NICE determinan cinco requisitos esenciales que deben cubrir los programas de educación estructurados:

1. Tener una filosofía, han de estar basados en la evidencia y se han de adaptar a las necesidades de la persona
2. Contemplar objetivos específicos de aprendizaje que favorezcan las conductas de autogestión, las creencias, los conocimientos, las habilidades y actitudes del paciente, familia y cuidadores
3. Estar disponibles por escrito y tener una planificación estructurada, basada en la evidencia y en los recursos humanos y materiales disponibles
4. Estar impartidos por educadores formados y capacitados
5. Garantizar su calidad y tienen que evaluar los resultados

Como señala Margarida Jansà, la pandemia de coronavirus acarrea indirectamente la necesidad de replanificar y reevaluar los programas educativos para la autogestión del tratamiento por la necesidad de integrar en los mismos un mayor porcentaje de comunicación individual y/o grupal vía telemática. “Contamos con evidencia sólida sobre la eficacia de diferentes estrategias educativas, tanto presenciales como telemáticas, lo que podría favorecer una mayor accesibilidad a los programas educativos”, subraya la experta de la SED.

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