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Entrevista con María Hernández Martí, co-autora de «Que no, que no me muero»

«He echado de menos que algún profesional sanitario se acordara de mi salud mental»

Por Mónica Lalanda
En qué momento decides que es una buena idea sacar un cómic contando tu historia. ¿Qué beneficios emocionales has obtenido?
- La idea del cómic no fue mía, sino de mi editora, Sheila R. Melhem, de Modernito Books. Yo escribí un blog casi en tiempo real, mientras estaba enferma y recibía los tratamientos, en 2009/2010, y de ahí salieron unos cuentos que ella consideró que podrían adaptarse bien al cómic. Me lo propuso (y yo soy de apuntarme a todo), buscó dibujante y cuando llegó Javi de Castro al proyecto ya nos pusimos a trabajar los tres juntos. Yo siempre he escrito cuentos y esta experiencia del cómic me encantó, porque se cruzan varias formas de contar, varias visiones de la realidad, varios "idiomas", y creo que he aprendido un montón sobre narración.
Emocionalmente escribir los cuentos me sirvió para mantener cierta apariencia de normalidad ante mí misma, porque es verdad que todo estaba cambiando mucho y muy rápido, que no se sabía lo que iba a pasar, y que yo tenía miedo, pero seguía haciendo lo que hago, que es escribir historias. La normalidad era justamente lo que más echaba de menos en aquel momento.

Cómo ha sido la experiencia de ver tu historia contada a través de las magníficas ilustraciones por Javi de Castro. Cuéntanos el proceso creativo
- Fue estupenda, muy enriquecedora. El libro me parece que quedó precioso. Los escritores normalmente trabajamos solos, y al principio tenía miedo de no entenderme con Javi (que aparte de venir de otro territorio artístico es mucho más joven), pero encajamos muy bien, gracias sobre todo al sentido del humor (que lo tenemos parecido). Él vive en León, yo en Canarias y nuestra editora en Madrid, pero montamos un sistema triangular de comunicación que nos funcionó. Yo me ocupé de la documentación, porque Javi, por suerte para él, no había visto nunca un hospital de día de Oncología, ni tantas otras cosas que dibujó con precisión. Por correo electrónico nos organizamos para ver cada cuento a medida que él lo pensaba y dibujaba y hacer aportaciones. Discutimos los detalles hasta el infinito, pero siempre llegamos a acuerdos, y sólo nos chillamos (ASÍ, usando mayúsculas) una vez en año y medio de conversaciones. Y en carne y hueso nos llevamos muy bien.

Tu cómic es muy especial, quizá porque va en contra de la comercialización que se está creando alrededor del lazo rosa y el cáncer de mama. ¿Qué dirías a esto?
- Que soy una tía iracunda y que desde el principio toda la cuestión del lazo rosa y la "bonitización" del cáncer me ponía de muy mal humor. Entiendo que si el objetivo es vender cosas (compresas, agua mineral, cosméticos) habrá que tapar lo peor, pero seguro que podían buscar otros argumentos de venta y evitar mentir tan lamentablemente y echar aún más peso sobre las personas enfermas. Tú, por ejemplo, estás en tu casa, cansadísima, pálida, con las defensas machacadas, sin pelo ni cejas ni pestañas, las uñas rotas, veinte kilos más de lo normal por efecto de los corticoides, cara de pan y hasta un poco de chepa, y en los anuncios te salen unas muchachas preciosas, delgaditas, con el pelo al cero pero sus cejas y pestañas perfectas, sonrientes y felices, dando botes de entusiasmo y haciendo deporte, y lo que te sale son ganas de matar o de llorar.

«Que no, que no me muero» tiene una mezcla de humor ácido y seriedad profunda a través del texto y de unos dibujos muy expresivos. En la realidad y durante la enfermedad, ¿te ha sido útil ese sentido del humor tan peculiar?
-Sí, me es útil desde siempre, aunque no todo el mundo reacciona bien. Hay gente que se ofende cuando tratan de darte ánimos o consejos con buena intención y contestas algo demasiado realista o poco "rosa", que les parece una barbaridad. Es mi naturaleza. Y aunque no me hubiera sido útil no creo que pudiera cambiarlo a estas alturas.

A los profesionales sanitarios nos resulta muy útil vernos reflejados en las novelas gráficas de contenido sanitario (las patografías gráficas que llamamos en Medicina Gráfica). De hecho, es particularmente útil si ese reflejo de nuestro comportamiento no es bueno. En tu novela gráfica aparecen varios intercambios donde la actitud del profesional es mejorable: por ejemplo, la enfermera que no saluda o el cirujano que habla "en chino". ¿En qué podríamos mejorar los sanitarios desde tu experiencia como paciente?
- En líneas generales tuve suerte. Al enfermero que no saluda, pues personalmente lo entiendo, considerando la cantidad de horas que echa y el trabajo que hace, rodeado todo el tiempo de gente seriamente enferma y muy demandante, y muy diferente, porque los enfermos somos cada uno de una manera y nuestras expectativas difieren. Lo de los médicos que hablan en chino lo veo peor, porque se les olvida que aprendieron esas palabras y conceptos para comunicarse eficazmente entre ellos, no con nosotros, que no podemos entenderles. Para mí ha sido fundamental estar bien informada sobre mi enfermedad y tratamientos, saber lo que estaba pasando en cada etapa, lo que podía esperar y qué recursos había para enfrentarme a ello. Cuando he preguntado mis médicos me han respondido con más claridad o menos, también depende de sus habilidades personales. Lo que sí he echado de menos es que algún profesional sanitario se acordara de mi salud mental.

¿Qué papel ha jugado tu familia en el proceso de la enfermedad y posteriormente en el proceso creativo del cómic? Tener un padre médico, tal y como aparece en tu historia, ¿es bueno o malo en una situación así?
- Un padre, una madre y una hermana médico. Para mí ha sido bueno, porque si tenía alguna duda o algún problema allí estaban ellos a cualquier hora. Lo que no creo es que a ellos les haya venido bien, porque se han preocupado más y han estado más presentes en todo que si hubieran sido archiveros o carteros.

En la última página dices que lo único meritorio que has hecho en los años de enfermedad ha sido "no morirte" y sin embargo has creado una pequeña obra de arte, muy útil para pacientes y profesionales. ¿Qué reacción has recibido de tu libro, particularmente de otras pacientes de cáncer de mama?
-Gracias. He recibido muy buenas reacciones, me han dicho varias veces «así mismito es», y sobre todo se han reído. También hay gente que sí cree en la épica de las guerreras contra el cáncer y que no está de acuerdo con mi visión, lo que me lleva otra vez a esto: cuando te enfermas sigues siendo quien eres, no te conviertes en un "enfermo" con características comunes a todos los demás enfermos. Sigues siendo tú, pero estás mala. En mi caso, arisca y negada para la religión, la autoayuda, las frases inspiradoras y las pseudoterapias. Lo que no es mayoritario.

Si tuvieras que pasar por todo este proceso de enfermedad otra vez, ¿hay algo que harías diferente...además de sobrevivir?
- No lo sé. Ahora a veces pienso que estuve un poco chula, tan segura yo de que no me iba a morir. Porque hay gente que sí se muere. Pero yo, dentro de todo, tuve suerte de que no me tocara un tumor especialmente agresivo, de que me diagnosticaran pronto y de recibir los tratamientos necesarios gracias a la sanidad pública. Si hubiera tenido que pagar esto a precio de mercado sí me hubiera muerto.

Quiero dejar plasmada mi felicitación por «Que no, Que no me muero» tanto para ti como para Javi y vuestra editorial Modernito Books. No solo es un libro entretenido de leer con su humor, su crudeza, sus valiosos mensajes y su información, sino por su increíble y diferente estética, que lo convierten en una pequeña obra de arte. Enhorabuena y gracias.
- Muchísimas gracias a ti.

 

Nos vemos el domingo a las 21 horas en #ClubLecturaMed

 

 

 

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