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Abuso de alcohol: no tan banal como parece

El pasado 31 de enero se presentó en la Asociación de la Prensa de Madrid el documento Alcohol, una amistad peligrosa (ver documento adjunto), que pretende concienciar sobre el trastorno por consumo de alcohol (TCA) y luchar contra su estigma social. Los encargados de exponer el objetivo de dicho documento en rueda de prensa han sido el Francisco Pascual, especialista en adicciones y presidente de Socidrogalcohol; Ángel Jiménez, presidente de CAARFE, y Susana Gómez-Lus, Medical & Market Access Director de Lundbeck Iberia.

Que el alcohol es un componente de carácter lúdico, completamente arraigado en nuestro país a nivel sociocultural es algo evidente. Pero lo que la mayoría de personas desconoce es su elevada toxicidad y la cantidad de enfermedades y lesiones que se relacionan con un consumo de alcohol de riesgo o perjudicial.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera un consumo de riesgo la ingesta de entre 4 y 6 unidades de bebida estándar al día (UBE) o entre 28 y 46 a la semana en los hombres; en cuanto a las mujeres, las cifras se sitúan entre 2 y 4 UBE al día o entre 14 y 28 a la semana. Si se sobrepasan estas cifras, estaríamos hablando de un consumo perjudicial para la salud. Un hecho que pasan por alto 3 de cada 10 españoles, ya que consideran admisible la ingesta diaria de riesgo recomendada por la OMS.

El alcohol, como componente tóxico, está relacionado con más de 60 tipos de enfermedades y lesiones: cáncer, enfermedades hepáticas, cardiovasculares, diabetes tipo 2, enfermedades mentales, etc. Este último tipo son de especial importancia, ya que el 17% de personas con TCA padece un episodio depresivo mayor y numerosos informes muestran que los pacientes con TCA que además padecen una enfermedad mental, lo que se conoce como comorbilidad psiquiátrica o patología dual, presentan un perfil de gravedad mayor.

Además de las patologías comentadas, el alcohol también se asocia con otras lesiones intencionadas o involuntarias: accidentes de tráfico, suicidio o violencia doméstica.

Según Francisco Pascual, “en nuestro país, el alcohol está considerado como un elemento cultural, del cual se puede hacer uso y abuso. Está presente en todas y cada una de nuestras celebraciones y se han banalizado las consecuencias que pueden acarrear ciertos consumos de riesgo prolongados. Hay que ser conscientes que el alcohol es una droga que, como tal, actúa sobre el sistema nervioso central y genera una tolerancia y una dependencia”. Además, en su opinión, el papel del médico de AP es crucial, ya que es él el que puede detectar el problema, y debe estar formado y concienciado sobre esta enfermedad, especializado en la entrevista motivacional y conocer cuál debe ser la correcta derivación del paciente.

En cuanto al abordaje del TCA, tradicionalmente se ha optado por un tratamiento de abstinencia, pero estamos viviendo un cambio de paradigma, fruto de numerosos estudios que han arrojado los beneficios de un tratamiento de reducción en pro del tratamiento de abstinencia. Entre sus múltiples ventajas hay que destacar las rápidas mejoras en la salud a corto plazo, la reducción del temido “efecto deprivación” y especialmente, una mayor adhesión al tratamiento. Más del 40% de personas con TCA prefiere la reducción, al verla como un objetivo más aceptable y realista. Este nuevo concepto de tratamiento está apoyado por directivas internacionales como las del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE).

Por su parte, Francisco Pascual, ha puesto el foco en las comorbilidades ocasionadas por el alcohol en aquellos pacientes que padecen TCA y en el infradiagnosticado, ya que se estima que sólo 2 de cada 10 casos son diagnosticados, siendo además cuadros de compleja gravedad, con consecuencias muy avanzadas. “No es concebible que, en un país como el nuestro, con un elevado número de consumidores de alcohol, y unas tasas de diagnóstico que rondan el 20%, no se destine un mayor número de medios a mejorar ese panorama y posibilitar el acceso a recursos y a fármacos desde todos los niveles asistenciales a cualquier persona con un problema de TCA, especialmente a través de la atención primaria”, ha concluido el doctor.

Por otro lado, Ángel Jiménez, presidente de CAARFE, ha centrado su intervención en la importancia del apoyo al paciente con TCA por parte de su entorno más cercano, equiparándolo en términos de relevancia al propio tratamiento médico y/o farmacológico. También ha destacado que: “el TCA todavía no está considerado como una enfermedad como tal, ni mucho menos es algo normalizado. De ahí surge la batalla que tiene que lidiar el paciente de TCA con su estigma, la mayoría de veces auto-infligido. Hasta que no se empiece a percibir como una patología que afecta al sistema nervioso central y no un vicio, no se conseguirán grandes logros”.

Susana Gómez-Lus ha recordado que “han existido numerosas campañas de concienciación sobre el peligro asociado a un consumo de riesgo de alcohol en nuestro país, pero todavía queda mucho por hacer para que el TCA se considere una enfermedad crónica alejada del estigma social. Por ello, desde Lundbeck, unimos nuestros esfuerzos a Socidrogalcohol y CAARFE con el fin contribuir al mayor conocimiento de esta enfermedad y a su papel en el desarrollo de otras patologías”.

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